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El fotógrafo gastronómico que ve en blanco y negro

Parcialmente daltónico, ha convertido los colores intensos, la luz natural y las sombras en protagonistas de sus imágenes. Así, el fotógrafo gastronómico de The New York Times comparte su particular mirada del mundo.

Tuvieron que pasar 30 años para que Daniel Krieger descubriera que su vocación en la vida era la fotografía y que, además, decidiera abandonar un cargo estable en el Departamento de Salud de Nueva York por perseguir una carrera, por ese entonces (2006) efímera, en la industria de la imagen.

Su historia empezó con escapadas de la oficina y extensiones no autorizadas de los horarios de almuerzo con la única finalidad de tomar la mayor cantidad de fotos posibles a todo lo que pudiera. Fotografiaba lugares, personas, objetos, animales y cuanto objetivo le llamara la atención, incluso en el subway, de camino a casa. “Tan pronto me involucré en el universo de las cámaras, no pude dejar de disparar, y aproveché las ventajas de las redes sociales para
darme a conocer”.

Imagen tomada de http://www.nycfoodphotographer.com/

Imagen tomada de http://www.nycfoodphotographer.com/

En poco tiempo, la gente empezó a simpatizar con lo que Daniel hacía. “Me ofrecían trabajos en algunos proyectos o me contactaban para encargarme fotos puntuales. En ese momento me di cuenta de que podía vivir de eso”, dice el estadounidense, considerado uno de los mejores fotógrafos de alimentos del mundo. Y aun cuando piensa que todavía le falta un largo camino por recorrer, ya ha logrado trabajar con chefs de la talla de Daniel Boulud, David Chang, Mario Batalli, René Redzepi, Dominique Ansel, Thomas Keller y Eric Ripert. Al respecto, agrega que se conectó con el universo gastronómico por casualidad y ya no quiso dejarlo más.

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Cualidad especial
La vertiginosa carrera de Krieger ha estado marcada por una particularidad que se resume así: ve en blanco y negro, y aunque en ocasiones puede percibir algunos destellos de color, lo hace de forma distinta al resto de las personas. Sin embargo, de no ser por ello, probablemente “no podría ver los pequeños detalles que los demás fotógrafos no captan de inmediato, ni contar la historia detrás de cada imagen, más allá de solo documentar una escena”, afirma el artista, al tiempo que confiesa que es la primera vez que habla de su daltonismo ante un medio de comunicación.

De sus 40 años, solo diez los ha dedicado a la fotografía. El joven artista nacido en Connecticut, graduado en Psicología y Justicia Penal, se mudó a Nueva York al terminar su carrera con la idea inicial de encaminarse en alguna disciplina psiquiátrica. “Hasta ese momento jamás había tomado una foto. Es extraño, pero realmente no supe qué hacer con mi carrera hasta que descubrí que era bueno con las imágenes; simplemente decidí retomar desde esa área”, recuerda, mientras sonríe sentado en The Cookie Jaar en Barranquilla, ciudad a la que fue por unos días para fotografiar algunos platos típicos de la costa Caribe.

Daniel es un hombre curioso e incansable. Mientras camina por la calles de la Gran Manzana o del país de turno, registra lo que pasa a su alrededor y siempre toma fotos. Pese a que considera su trabajo difícil, en la medida en que el mundo artístico es muy competido y existe una presión constante por producir sin parar, disfruta “todos los viajes, la posibilidad de conocer nuevas personas, ser bienvenido en los mejores restaurantes del mundo, estar en contacto con otras culturas y formas distintas de comer, compartir con grandes chefs, al tiempo que voy construyendo reputación y buen nombre”, afirma y agrega con un tono jocoso que su trabajo es mejor que ser fotógrafo de guerra, “ya que nunca eres bienvenido y la posibilidad de ser asesinado está latente”.

Fotografía tomada de http://www.nycfoodphotographer.com/

Fotografía tomada de http://www.nycfoodphotographer.com/

Un hito en su carrera, que destaca como uno de los trabajos más interesantes que ha realizado en los últimos días, fue trabajar con el chef del restaurante danés Noma, René Redzepi, reconocido como uno de los mejores cocineros del mundo. “No comí nada allí, pero tuve la posibilidad de compartir con René y, además, fotografié el trabajo en las cocinas y la atmósfera del lugar con comensales. Pero lo fascinante fue darme cuenta de que estoy en un momento de mi carrera en que puedo acceder a este tipo de sitios. En efecto, el 99.99% de los fotógrafos no puede hacerlo”, señala Krieger con verdadera satisfacción.

Galardonado con el título de uno de los mejores fotógrafos de alimentos, el estadounidense no quiere morirse sin dejar “el más grande archivo de fotografías de alimentos en cuanto a imágenes de chefs y de restaurantes”.

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