Francisco Samper

El suceso detrás del mito de Eric Clapton

francisco-samper

Francisco Samper. Foto: José Veira

La bellísima canción Holy Mother, el himno desesperado en el que, rendido, Eric Clapton se entrega a la Virgen María implorando su ayuda, tiene origen en una experiencia mística que el artista vivió un tiempo antes. Una noche, en medio de la espiral de adicción a la cocaína, heroína y alcohol que lo consumía desde hacía años y lo había llevado a recluirse en centros de rehabilitación tantas veces como las que escapó de las mismas, Clapton sintió que finalmente tocaba fondo. Con sus fuerzas extintas se dobló de rodillas contra la cama en la intimidad de su cuarto de reclusión y, vencido, abandonó su orgullo rogando ayuda. Casi inmediatamente encontró una paz que, según dice, intuía que podía existir, pero su soberbia de ídolo mundial de la música nunca había dejado entrar.

Desde entonces reza todas las mañanas pidiendo que esa ayuda se mantenga a su lado, y todas las noches para agradecer por su vida y por ser capaz de mantenerse sobrio. Y lo hace de rodillas porque, dice, es una señal de humildad.

Tristemente, pocos años después de lanzar la canción (1986), su fe sería puesta a prueba de forma dramática.  Según cuenta en su autobiografía, en marzo de 1991, viajó a Nueva York para ver a Connor, el hijo de 4 años que tuvo con Lory del Santo, de quien se había separado. La noche del 19 lo recogió y fueron al circo en Long Island. El niño estaba feliz de ver a los elefantes y no paró de hablar. Esa noche Eric se dio cuenta de lo que significaba ser padre y decidió que los días en los que le correspondiera tener a Connor, estarían los dos solos.
Al día siguiente planeaba llevarlo al zoológico, pero cerca de las 11 de la mañana sonó el teléfono. Era Lory, histérica. El portero había estado limpiando las ventanas del apartamento y las había dejado abiertas. Connor, jugando a las escondidas con su niñera, entró corriendo al cuarto… y siguió de largo. Cayó desde una altura de 53 pisos.

Como era de esperarse, la muerte de Connor casi acaba también con la vida de Eric. Hoy dice que solo lo salvaron el amor y la comprensión de sus compañeros en Alcohólicos Anónimos. Precisamente en una de sus reuniones, una mujer se le acercó y le dijo: “Acabas de quitarme la última excusa que tenía para beber. Siempre dije que si algo llegaba a pasarle a uno de mis hijos, tendría la justificación para emborracharme. Tú me has demostrado que eso no es verdad”. Clapton dice que eso lo hizo pensar que podía convertir la tragedia en algo positivo: “Si pude atravesar esto y mantenerme sobrio, cualquiera puede lograrlo”. Claramente, no habría una mejor manera de honrar la memoria de su hijo. Como resultado de ese inmenso dolor compuso Tears in Heaven, uno de los máximos éxitos de su historia, recordado sobre todo por la versión que grabó en vivo para el hoy clásico programa MTV Unplugged, que le valió varios premios y ventas millonarias.

Después de ello vinieron muchos años de sobriedad y éxitos. Incluso contrajo matrimonio de nuevo, con Melia McEnery, con quien hoy tiene tres hijas.
Agradecido, Eric fundó Crossroads, un centro de rehabilitación para adictos al consumo de drogas y alcohol, ubicado en las islas de Antigua (y Barbuda), en el Caribe. Para financiarlo, desde 1999 organiza el Crossroad Guitar Festival, al que invita a los mejores guitarristas y artistas del mundo.

Por eso resulta dramáticamente injusto y triste que lo que comenzó como un fuerte dolor de espalda que le hizo cancelar varias giras en 2013, se haya agudizado hasta convertirse hoy en una “neuropatía periférica” que le produce terribles dolencias –que él describe como “horrorosas descargas eléctricas”– y que hacen casi imposible que pueda tocar la guitarra.
Eric Clapton, el niño que creció pensando que sus abuelos eran sus padres y su mamá, su hermana; el adorador del blues desde siempre; el segundo mejor guitarrista del mundo, según la revista Rolling Stone; el músico prodigioso que recibió los apodos de “Slow Hand” y “God” por su virtuosismo con la guitarra en los grupos The Yardbirds y Cream, respectivamente; el miembro del Salón de la Fama del Rock por partida triple; el que le quitó la mujer (Patty Boyd) a su gran amigo George Harrison y ni así dejó de ser su amigo; el autor de los solos de guitarra de While my guitar gently weeps y Something, de los Beatles; la persona en quien pensó John Lennon para remplazar al propio Harrison en la banda británica cuando este amenazó con dejarla por una pelea con Paul McCartney mientras grababan el disco y la película Let it Be; el artista de éxitos como Cocaine, Layla, Wonderful Tonight, Lay down Sally o

My father´s eyes, y de uno de los más famosos covers de I shot the sheriff; el mujeriego que salió con beldades como Carla Bruni y al que se le atribuyen romances con Sharon Stone y Lady Di; el ganador de 17 premios Grammy… Clapton, el autor de I Still Do, su decimonoveno álbum que salió al mercado el 20 de mayo pasado, alcanzando de nuevo figuración entre los top ten de la música en Inglaterra y Estados Unidos; el hombre cuya fe superó pruebas muy grandes, podría estar a punto de terminar forzosamente su carrera por una terrible y dolorosa enfermedad.

Irónicamente, la última estrofa de Holy Mother dice:
“Cuando mis manos ya no toquen más,
se pare mi voz y me desvanezca,
Madre Santa, entonces estaré
acostado, a salvo, en tus brazos”.

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario