Poly Martínez

Los impresentables

Hay una frase que, cuando la sueltan, me produce pavor: “Presénteme a alguien”.

Lo peor es que casi siempre sucede cuando uno está almorzando o tomándose algo, en una conversación de sobremesa o antepostre que parecía sabrosa, entre amig@s y libre de tensión.
“Presénteme a alguien…” Siempre hay puntos suspensivos después de decirla, de oírla, y mientras uno trata de buscarle cara a la solicitud. Qué escalofrío, reacción de fuga reptiliana, como la iguana famosa en las redes que logra escaparse de muchas culebras peligrosas, pero nunca tan riesgosas como esta sentida y clara petición.

Momento Matrix, palabras congeladas, cámara muy lenta, casi sin acción. Recalculando, recalculando, otra dosis de puntos suspensivos hasta que finalmente sale el “a ver… ¿a quién le presento?”. Rápido escaneo mental de los contactos del celular, aerofotografía de toda la oficina, revisión de estado civil, emocional, siquiátrico, físico y económico de los potenciales candidatos.

Ante una solicitud difícil, la puerta de escape más cercana suele ser una pregunta: “¿Para salir y pasar rico, sin rollo, o para algo más? ¿En qué plan está?”. Eso para llenar con información irrelevante el vacío en el estómago que da semejante responsabilidad, porque uno ya sabe, y tiene muy claro, que con cualquier respuesta el problema será el mismo: si la cosa no cuaja, o se frustra a medio camino, justo después del entusiasmo de la novedad, alguno se va a sentir estafado o encartado. ¿Y la culpa de quién va a ser? ¡Pues de quien los presentó!

“Pero si usted me conoce, cómo me presentó esa mujer tan complicada. Con todo se hace un rollo. Me dijo que era fresca, divertida, pero nada que ver. Querida sí, pero después de mi ex quedé curado de mujeres intensas, que me organicen la vida. Usted sabe cómo soy…”. Y es cierto, uno conoce a los amigos y por eso no sale con ellos.

Era más fácil cuando la petición se reducía a si sabía bailar, de qué colegio era, qué estudiaba o sí estaba bueno. Pero ahora las amigas, que se juran libres y relajadas, piden muchos datos y tienen una lista de chequeo más exhaustiva que la que están redactando para los puntos de control en la frontera de Estados Unidos y México a partir del próximo 21 de enero: “¿Quién era la mujer?, ¿por qué se terminó eso?, ¿hijos?, ¿los ve, viven con él?, ¿dónde vive?, déjeme verlo en Facebook… uy está como pesado, se ve descuidado, ¿hace deporte?, ¿en qué trabaja?, ¿controlador?... No querrá que me encargue de sus cosas y le organice la casa y la vida, porque yo de eso estoy hasta aquí (dedo en la frente). Yo quiero a alguien que me cuide y me consienta, que respete mi espacio y no me sobe ni arme rollos: usted me conoce”. Y es cierto, uno conoce a las amigas y por eso, con todo y lo maravillosas que sean, es mejor que el tema de las salidas o de elegir nueva compañía lo resuelvan por su propia cuenta.

La verdad es que tampoco hay tanta gente para ir presentado por ahí: tod@s andan ocupad@s en sus cosas, tienen alguna versión de pareja o disfrutan su soltería. A veces uno se engaña y deja de entender que el “presénteme a alguien” puede ser una muletilla que se repite sin ton ni son, como quien habla del clima o vuelve a quejarse del tráfico de Bogotá.

Por eso lo único más temible que el “presénteme a alguien” es el “tengo una persona para presentarle”. Aumento de las pulsaciones, duda metódica de por qué me va a hacer eso si yo no he pedido que me presente a nadie. Empieza el amable pulso: “Qué pierde, se toman algo y si no le gusta, listo, no sea neura. Siempre anda en lo mismo, nunca tiene tiempo para nada, pero al menos tendrá un nuevo cuento para la próxima vez que nos veamos”.

Y sigue la venta: “Es perfecto para usted: divertido, deportista, con sentido del humor, todo terreno (esa es, de lejos, la afirmación más falsa que hay: nadie lo es), le gusta leer, está ubicado y con papeles en regla y el pasado donde corresponde: en el pasado. No está esperando que ninguna mujer le organice la vida, pero tampoco le molestaría si así fuera. Es un gran tipo, lo conozco bien y seguro se van a entender. A mí me encanta…”. Y entonces, ¿por qué no sale ella con él?

Muchas veces lo más interesante de que nos presenten a alguien no es la persona que podremos conocer, sino saber un poco más de cómo nos perciben nuestras amistades, lo que creen que nos puede gustar y comprobar qué tanto saben de nosotros. Lo que hay que tener en cuenta, sea cual sea la situación –presénteme a alguien o tengo alguien para presentarle– es que en cosas de Cupido & Celestina, por lo general son más los desencuentros que los amores.

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