Poly Martínez

A propósito del 2017

Empecemos por lo más urgente: no hacer el balance del año que termina. Adiós al 2016 con sus kilos de más, los pe$os de menos, con los dolores y las lecciones, con los amores y alegrías. Si recibió más de lo que esperaba, comparta; si considera que el año le quedó debiendo, arranque la hoja del calendario y no le dé más vueltas: suelte el asunto, avance y piense en nuevas metas. Deje ir a los que se fueron y abrace nuevamente a quienes llegaron o permanecieron en su vida. Aproveche para hacer el cierre ligerito. Se fue el 16, se fue y… se fue.

Hecho lo hecho y cerrado el año, ahora sí la lista de propósitos para el 2017:

Dieta: lo más fácil es empezarla y lo más difícil, mantenerla. Por eso los expertos hablan de hacer cambios en el “estilo de vida” de manera gradual pero consistente. Eso significa que no hay que dejar de tajo todo lo nocivo que consumimos para evitar una descompensación y recaer con mayor intensidad.

La dieta que propongo es hacer un sano detox de todas esas calorías vacías que tienen las redes sociales, dejar de andar picando aquí y allá en el WhatsApp dizque para distraer el hambre y llenar la soledad; adiós a los empalagosos e inflados selfies y a esos tragos cortos que son los tuits, en los que a veces se nos va la mano, nos embriagamos de “poder” y terminamos en una juerga de bobería y ramplonería que ya se hace pesada.

Photo of a young happy family having breakfast

El postrecito light del Snapchat o el puscafé de Instagram, una vez a la semana. Como la sal de la vida no está en Facebook, mejor reducir la dosis y la hiperatención que le ponemos.

Bájeles a las redes sociales, aumente el consumo de libros, películas, música sabrosa, conversaciones deliciosas, abrazos de rechupete, miradas al cielo, al piso, al plato y a la persona que tiene enfrente a la hora del almuerzo, de la cena, de la cama. Y no olvide: el silencio es la mejor receta para conectar.

Ejercicio: fortalecer el corazón debe ser el propósito del 17. ¿Lleva años sacándole el cuerpo a esa conversación difícil que sabe está en mora de sostener? Tome aire, junte fuerzas y dé ese primer paso, acérquese y hable-hable-hable. Aunque le suene a abdominales, en realidad es la única forma de soltar ese lastre acumulado que sí nos puede reventar. Las historias sin cerrar y los dolores sin resolver se acumulan mal, son ácidos para los músculos y recuerde que el corazón es uno. El falso orgullo no fortalece nada.

Esta rutina de ejercicios requiere práctica constante pero los resultados pronto se notan en la cara, en un caminado más liviano y en un mejor dormir porque permite arroparse en paz. Estire los brazos y toque la puerta de quienes tiene olvidados, haga una serie de sentadillas a la semana para conversar con padres, hijos, amigos, amores, vecinos; para hablar consigo mism@.

¿Cuentas pendientes? ¿La embarró hace años o en este 2016? Estire el cuello y lentamente baje la cabeza para tener otra perspectiva de lo que sucedió; relaje los hombros en vez de andar a la defensiva. Suelte los puños, pida perdón. Se recomiendan al menos tres series y cuantas repeticiones necesarias hasta dominar este arte que le gana juego de cintura, flexibilidad, equilibrio y tal vez afectos perdidos.

Estudios: este año no le gaste plata a otro curso de francés, a uno para dominar Excel o para mercadeo digital. A cambio, aprenda a conversar consigo mism@, a encontrar nuevas palabras para entenderse y dejar de juzgar y de venderse cuentos. Si esta materia le resulta complicada, acuda a un coach, a un sicólogo o psiquiatra y dese una revisada, pase al tablero personal. Lo más loco es no hacerlo y estrenar año con los viejos hábitos.

¿Quiere conocer otras culturas? Empiece por la de respetar el espacio público y de ahí profundice en maravillas universales como hacer fila, no volarse el semáforo ni pasarse de vivo; no se robe la uva en el mercado, entregue las vueltas completas, dé el paso a los mayores, ayude a cuidar los niños, salude al vecino, a los porteros, páguele completo y a tiempo a quien le ayuda en casa, en la oficina. Sonría como si fuera oriental, sea buen ciudadano como si fuera sueco, cumpla con las normas viales como si fuera gringo, respete al vecino como si fuera alemán, cuide el entorno como si fuera Camëntsá (de paso averigüe sobre la riqueza cultural y botánica de los Camëntsá).

Que el 2017 no nos sorprenda en el show de metas fáciles que podemos iniciar y cumplir cualquier día del año si de verdad quisiéramos. Mejor amanecer el 1 de enero de 2018 sin el guayabo de haber dejado ir otro año sin hacer esos cambios que sí hacen la diferencia en nuestras vidas y en las de quienes queremos.

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