Francisco Samper

Chicago: la big band del rock

Hace unos años estábamos creando la campaña del Día de la madre para un cliente de la agencia de publicidad en la que trabajo. El redactor que me estaba presentando la idea –que consistía en burlarse de los clichés para “apreciar” el producto promocionado y posicionarlo como un mejor regalo para la ocasión– me sorprendió proponiéndome que la música del comercial fuera una versión en burla de una de las baladas románticas de Chicago. De inmediato le hice notar que al burlarse de la canción, seguramente lo estaría haciendo a la vez de muchas mamás que crecieron disfrutando de la música de esta ya legendaria banda, con lo que lograría un efecto exactamente contrario al que pretendía.

Esa charla me ilustró claramente con qué desparpajo las generaciones, por lo general, no solo no valoran, sino que desprecian lo que las anteriores veneraron.

Foto: Getty

Hablando después con él, en un plano más informal, me di cuenta de que desconocía totalmente la historia de la banda y su contribución al pop/rock, al punto de que se mostró muy sorprendido con algunas cosas que le conté. Así que, en un intento por reivindicar el lugar de Chicago, paso a referirlas acá también.

En primer término, dejemos claro que si hoy el nombre de “banda” se usa para denominar agrupaciones musicales de rock, en buena parte se puede deber a Chicago, tal vez la más exitosa e influyente representación de la fusión entre las Big Bands de Estados Unidos en los años 50, y el sonido rock de los 60. Si alguna agrupación es de verdad una banda –y lo ha sido ya prácticamente por 50 años– es Chicago.

Desde su inicio en 1967, la gran diferencia en su propuesta la hizo su sección de metales, compuesta por James Pankow (trombón), Walter Parazaider (saxofones y flautas) y Lee Loughnane (trompeta), que se ha mantenido a través de todo este tiempo. Claro que nunca ha sido menor su capacidad vocal, en la que originalmente brillaron, tanto juntos como por separado, Terry Kath (excelso guitarrista) Peter Cetera (bajista) y Robert Lamm (pianos). La batería estaba a cargo del magnífico Danny Seraphine. Prácticamente todos, además, contribuían con composiciones.

Para medir el virtuosismo y la dimensión de la banda y de cada uno de sus integrantes, recomiendo ver, y disfrutar, del concierto que su alineación original dio el 21 de julio de 1970 en Tanglewood, el famoso “venue” de Massachusetts, donde se celebran conciertos y festivales musicales desde 1936. En esa presentación son evidentes la influencia del jazz en su música y la intención de mezclarlo con el rock progresivo de la época.

Originarios todos de Chicago –con excepción de Loughnane, que nació en un pueblo vecino–, los integrantes quisieron desde el principio rendir un tributo a la “ciudad de los vientos”, y por eso su primer nombre fue Chicago Transit Authority, bajo el cual lanzaron su primer L.P., un álbum doble que de inmediato obtuvo gran éxito y figuración. Sin embargo, para evitar confusiones y conflictos legales con las verdaderas autoridades de tránsito de la ciudad, decidieron recortar el nombre y dejarlo simplemente Chicago.

Quienes prefieren esta primera época, comprendida entre 1967 y 1974, adoran éxitos muy representativos del sonido original de la banda como Saturday in the park, Only the beggining, 25 or 6 to 4, Make me Smile, Dialogue y Colour my world.

En julio de 1976, Chicago lanzó el que se convertiría en su éxito más grande de todos los tiempos: la balada If you leave me know. Compuesta y cantada por Peter Cetera, de inmediato alcanzó los primeros lugares en las listas internacionales, y marcó el inicio del sonido de los trabajos de la banda en lo sucesivo.

Foto: Getty

La muerte de Terry Kath en 1978 significó un gran golpe para el grupo, que hasta ese momento mantenía inalterable su alineación inicial. Kath hizo contribuciones como integrar por primera vez una guitarra acústica de 12 cuerdas a una banda de rock (lo que de inmediato adoptaron otras) y era “el mejor guitarrista del mundo”, según el propio Jimmy Hendrix. En su lugar se incorporó en 1978 a Bill Champlin, cuya voz líder puede oírse en canciones como Look away y I don´t want to live without your love, y quien posteriormente pasó a los teclados cuando la banda encontró en Keith Howland al guitarrista que había buscado desde la muerte de Kath.

Vino luego el retiro de Cetera en 1984, para seguir una carrera en solitario, lo que implicaba remplazar no solo una de las voces líderes y características del sonido de Chicago, sino un muy buen bajista. Ambas las encontraron en Jason Scheff, hijo del bajista de Elvis Presley, quien no solo canta muy parecido a Cetera, sino que es un músico notable y muy preciso. Finalmente, en 1990 se retiró el gran baterista, Seraphine, quien fue sustituido por el también muy talentoso Tris Imboden.

Con Lamm, Pankow, Laughnane, Parazaider, Champlin, Howland e Imboden, Chicago tuvo una nueva formación estable hasta los retiros de Champlin en 2009, remplazado por Lou Pardini; y el muy reciente de Scheff, en mayo pasado. Aunque podrían parecer muchos cambios, hay que tener en cuenta que el año entrante la banda cumplirá 50 años de presentaciones ininterrumpidas, por lo que es más bien un hito que cuatro de sus siete miembros fundadores aún hagan parte de sus presentaciones.

Chicago es considerada la segunda banda americana más exitosa (detrás únicamente de los Beach Boys). Su récord supera los 100 millones de discos vendidos, e incluye 21 sencillos en el Top 10; cinco álbumes consecutivos que alcanzaron el número uno en la listas de popularidad y 11 sencillos número uno, cinco de ellos disco de oro. Además, 25 de sus 36 álbumes han sido discos de platino, y entre platino y oro tienen un total de ¡47 reconocimientos! ¿No serán estos suficientes méritos para que se les respete?

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario