Personajes

Vera Grabe, la paz como elemento transformador

Cuando la gente ve que la paz le puede mejorar su vida, la relación con su familia, con sus amigos, con su comunidad, se dan procesos de empoderamiento muy importantes”, afirma Vera Grabe, alguien que conoce la paz, y la guerra, como pocos.

Esta antropóloga, que perteneció al M-19, grupo guerrillero desmovilizado en 1990, fundó hace cerca de 20 años el Observatorio para la Paz (Obserpaz), una escuela de pensamiento y acción pedagógica que desarrolla procesos de transformación cultural y social desde varios frentes. Gracias a la experiencia adquirida a través de esta fundación, Vera siente que la paz es una posibilidad real de transformación de la vida cotidiana. “Por esta razón, se trabaja la violencia intrafamiliar, la violencia en la escuela, es decir, que la paz no solamente sea un tema estratégico y de acuerdos, sino que empiece por nosotros mismos”, comenta.

Vera encontró en la paz un lugar para seguir liderando y ejecutando las ideas. Luego de su desmovilización y de reincorporarse a la vida civil, fue elegida para el Congreso, junto con otros 19 miembros de la guerrilla. De su paso por el Senado recuerda que “fue una experiencia importante como escenario, pero también muy difícil, porque uno llega con toda esa expectativa de hacer la revolución en el Congreso, y se da cuenta de que es mucho más difícil de lo que uno cree. Obviamente, en esa época éramos bastante inexpertos y queríamos abarcarlo todo, queríamos cambios”.

Al terminar su periodo, es nombrada consejera de derechos humanos en la Embajada de Colombia en España, cargo que ocupó entre 1994 y 1997. Ese tiempo en Madrid le permitió realizar investigaciones alrededor del tema de la paz, y cursar un doctorado en la materia en la Universidad de Granada.
Por eso cuando regresó al país, tenía la certeza de querer trabajar en la materialización de la paz pero desde la educación, pues está convencida de que desde allí es donde se deben cambiar las cosas.

De ahí que Obserpaz tenga diseñados una serie de programas para fomentar y promover la paz desde diferentes ámbitos. Está, por ejemplo, el programa ‘Irene’, con el que se busca trabajar la reconciliación con excombatientes y víctimas, para que se encuentren en sus historias, y se conviertan en gestores de paz de su propio entorno. Así mismo, cuentan con el ‘Bachillerato pacicultor’, que es una estrategia de educación secundaria flexible para personas víctimas de la violencia, y con ‘Meterse al rancho’, un programa pedagógico para la desarticulación de la violencia intrafamiliar. Además, tienen unas escuelas itinerantes de paz, transformación de conflictos y la reconciliación, y adelantan un proceso de virtualización de sus programas, algo imprescindible hoy en día para lograr una mayor difusión. El eje de todo, evidentemente, es la paz:  “Siempre buscamos que ella sea la fuerza transformadora de todo”, señala Vera.

Bajo esa premisa, es imposible no preguntarle a Vera su opinión sobre el proceso de paz con las Farc y la desmovilización que adelanta actualmente este grupo. Ella manifiesta que el momento que atraviesa el país hoy es mucho más complejo que cuando el M-19 dejó las armas en la década de los 90: “En nuestro caso fuimos bien recibidos por la sociedad. Por ejemplo, nosotros dejamos las armas un 9 de marzo y el 11 eran las elecciones, y yo quedé de parlamentaria. Eso sucedió básicamente porque había un clima adecuado. Después, Carlos Pizarro sacó 70.000 votos, era un ambiente propicio. Hoy es un país polarizado”. Ella también manifiesta que para las Farc existen muchos más retos, siendo el más importante darle peso a la paz, y lograr conectarse con la gente, porque todo proceso de paz implica que la política esté presente, cuidar la reintegración y que se logre una reconciliación real entre los colombianos.

La antropóloga fue candidata a la vicepresidencia en 2002, como compañera de Lucho Garzón

Lo que viene
Vera trabaja para que Obserpaz se convierta en una propuesta que tenga impacto en todo el país y en todos los frentes, no solamente en las comunidades marginales. Por eso visualiza al observatorio como un gran centro educativo donde todo lo que están construyendo se multiplique y se potencialice para que llegue a más sectores de la sociedad.

Paralelo a estos esfuerzos, la politóloga está presentando su libro La paz como revolución, su tesis doctoral y fruto de muchos años de pensar la paz como un enfoque histórico, a través de los procesos que lideró el M-19, sus decisiones, aciertos y retos alrededor del conflicto armado. “Ahí se cuenta el aporte de nuestro movimiento al hacer una transformación cultural en la política, por la manera como cuestionó esquemas revolucionarios establecidos. Esa idea sacrificial, esa idea tan solemne de la revolución y hacer algo mucho más desde la guerra, pero más abierto, flexible y en últimas decir que desde la cultura, la paz la vemos distinto. Lo mismo que hacemos aquí en el Observatorio de alguna manera, donde la paz es una posibilidad de cambio cultural”, concluye.

Por: Sandra Beltrán

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