Personajes

Xiomara Xibillé, mirando hacia adentro

Gracias a su belleza atemporal, voz dulce y sonrisa permanente, Xiomara Xibillé irradia la paz que lleva dentro, que es el resultado de años de estudio, trabajo interior, búsqueda, viajes y aprendizajes de lecciones que hoy puede contar con orgullo y conciencia.

‘Xiomy’, como la conocen sus seguidores, nació en Medellín y muy pronto se trasladó con su familia a Candelaria, en el Valle del Cauca, donde vivía en un trapiche panelero, desde donde iba todos los días a su colegio en Cali y luego a clases de ballet. Fue ese pueblo encantador el que la vio crecer llena de gracia y desparpajo, características que más tarde la llevaron al mundo del modelaje y posteriormente a la presentación de varios programas de televisión, como Todo el mundo está feliz y, más adelante, Nubeluz, el show que la lanzó a la fama a nivel internacional y que la mantuvo viviendo en Perú durante cinco años.

Pero, paradójicamente, por esa época también vivió algunos de los momentos más duros de su vida, que la llevaron a emprender su búsqueda interior.

“La luz a veces te muestra la oscuridad. A los 21 años, estábamos en el auge de nuestro éxito y viajábamos por toda Latinoamérica, pero teníamos un ritmo muy fuerte de trabajo. Y yo ahí tengo un quiebre de salud muy delicado. El ritmo era extenuante y, como un sino trágico, una de nuestras compañeras se suicidó”, cuenta Xiomara.

“La vida es más que pararse en un escenario, y cuando se apagan las luces, uno tiene que tener un poco más de contenido adentro”

A este episodio dramático se le sumaron las muertes de sus mejores amigos ese mismo año. “Andrea Garzón, mi compañera de colegio de toda la vida, se estrelló saliendo de un restaurante. Carlitos Menem, hijo del expresidente Menem de Argentina, de quien me había hecho muy amiga, se cayó en un helicóptero. Y a Andrés Ángel, uno de mis mejores amigos, lo encontraron ahogado en un lago en Detroit”, relata.

Y a finales de ese año ella, por poco, también pierde la vida mientras montaba en jet ski en el lago Calima. La máquina se averió, dejándola a la deriva en el agua durante horas. “Yo siento que en ese momento una voz me dijo: ‘Todavía no te vamos a llevar’, y como a las tres y media de la mañana me rescatan, y ahí comprendo que la vida es más que pararse en un escenario, que los escenarios son así, como inflables que se inflan y se desinflan, y cuando se apagan las luces, uno tiene que tener un poquito más de contenido adentro porque si no el alma se desnutre. Y entonces empieza este camino muy profundo, muy sincero, y también muy confrontador”.

Luego de esta experiencia, Xiomara empacó sus maletas y se fue con su abuelo a explorar los Pirineos durante tres meses y, en el avión, viajando hacia su destino, se enteró de la existencia de Brahama Kumaris, la Universidad mundial de la paz, y decidió participar más adelante en un retiro que la institución realizaba en Oxford. Allí tuvo su primer acercamiento con el raja yoga y con las filosofías orientales que la fueron guiando.

Al regresar a Colombia, el ritmo agitado de vida continuaba. Estaba presentando en un noticiero, actuaba en una novela y recibía propuestas para trabajar afuera. Justo en ese momento empezó a estudiar psicología transpersonal en la Asociación Colombiana de Psicología Transpersonal: “En esta preparación como psicóloga y psicoterapeuta transpersonal entiendo que hay una reivindicación de todo este camino que a veces no se ve, que es el camino del alma, el camino sutil de las energías emocionales, de los sentimientos, y para mí fue un piso maravilloso que hoy utilizo mucho”.

“Cuando realmente uno se conecta con su ser, con su verdadera intención, cuando uno entiende que el alma es la brújula más importante, entonces la vida lo empieza a llevar a uno”

A medida que iba ejerciendo y adquiriendo nuevos conocimientos, empezaron a cobrar mayor importancia temáticas como la alimentación que, según dice, “fue un paso que me llevó a la conciencia, realmente hacer ese clic y ese cambio interno me fue llevando a dar otros pasitos”. Con el tiempo, la meditación a través del yoga siguió fortaleciéndose y luego apareció el ayurveda (medicina tradicional de la India), tema que empezó a estudiar a profundidad.

Hoy, Xiomara está 100% dedicada al bienestar y combina su tiempo como terapeuta en el centro Saicuru, en Bogotá, con la escritura. Su más reciente libro se llama Estar bien y ya se encuentra preparando el siguiente que, dice, estará relacionado con la feminidad. También se dedica a dictar conferencias y charlas incluso a nivel corporativo, y trabaja en un proyecto llamado ‘Rituales para el alma’, en el que oficia ceremonias como matrimonios. Además, con Roberto Cuéllar, su pareja, han construido la iniciativa ‘Vivir bonito’, un desarrollo personal que ha tocado varios frentes, ha sido un restaurante, un centro de bienestar y en este momento es un espacio de crecimiento institucional.

Con todas esas herramientas en sus manos, hoy Xiomara entiende y agradece las lecciones y los retos que le ha puesto la vida. “La vida es un lienzo en blanco y uno es el que le pone los colores, y cuando realmente uno se conecta con su ser, con su verdadera intención, cuando uno entiende que el alma es la brújula más importante, entonces la vida lo empieza a llevar a uno.

Y, a veces, hay que dejarse llevar. También he aprendido que hay que ser muy humilde con la vida. Baja la cabeza y decir bueno, me rindo, está bien.

He comprendido que para tocar el cuerpo de luz tenemos que atravesar el cuerpo del dolor. Sobre ese momento difícil de mi vida, cuando se mueren mis amigos, cuando yo casi me muero, entendí que era como mi túnel, porque al final de este también está la luz”, concluye.

Por: Adelaida Gnecco Fotos: Leo Queen Producción y styling: Mariana Londoño

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