Personajes

Las mujeres de Melba Escobar

La pluma de Melba Escobar está impregnada por el universo maravilloso y complejo que compone a las mujeres. Su cuarto libro, La casa de la belleza, es un acertado retrato de la sociedad capitalina colombiana, y aunque es una historia ficticia, bien podría ser un espejo de nuestra realidad narrado a través de voces femeninas.
Esta obra, que nació inspirada por Bogotá y que fue publicada en 2015, muy pronto le estará dando la vuelta al mundo, pues sus derechos de traducción fueron recientemente vendidos en 14 idiomas. Pero, ¿qué hace que esta novela genere un interés de carácter universal?

Para Melba, la trama, en su esencia, es capaz de conectar a diferentes naciones y culturas. “En la historia, el personaje principal, Karen, es una chica cartagenera que llega a Bogotá a trabajar en un salón de belleza. Y de alguna manera, cuando yo pensé en Karen, pensé en muchas colombianas sin que fuera necesariamente intencional, pero con el tiempo me di cuenta de que ella sí representa a millones de mujeres. Es una mujer joven, muy bonita, y parte de la tragedia de la novela está relacionada con su belleza”, cuenta Melba.

La escritora estudió Literatura en la Universidad de los Andes, ha trabajado en proyectos editoriales para niños, y en 2010 lanzó su primera novela para adultos: ‘Duermevela’

En la novela, Karen es madre soltera y deja a su hijo en su ciudad natal, al cuidado de su madre, con la ilusión de ofrecerle una mejor calidad de vida. En el salón de belleza donde trabaja en Bogotá, que es de estrato seis, las clientas la prefieren y se empiezan a tejer entre ellas estrechas relaciones de confianza, como típicamente ocurre en las peluquerías del país. El libro cuenta su historia y la de algunas de sus clientas, hasta que una de ellas es asesinada. “Ese crimen me permitió enlazar unos mundos que están muy inconexos, una mujer que vive con dos salarios mínimos y acaba involucrada en un tema en el que está mezclada con la gente más rica y que está manejando el poder en el país”, asegura Melba. Sin embargo, aclara la escritora, aunque se discute mucho si su obra es un thriller, ella confirma que no lo es, porque, aunque la novela negra sí le sirve como herramienta, ella describe La casa de la belleza como una “novela social”.

Tal vez es ese carácter lo que la hace una obra literaria con la que cualquier persona se puede identificar. “Es curioso que hay países muy distintos donde se está traduciendo. Por ejemplo, acaban de entrar Macedonia y Turquía, pero va a estar traducido al árabe, al francés, va a estar en Nueva Zelanda, y son culturas muy diversas. Si uno piensa, un turco y un neozelandés tienen poquísimo en común, pero al mismo tiempo hay una conexión; por un lado, con las angustias universales, porque yo creo que vivimos, en cualquier lugar del mundo, alrededor de la supervivencia y, además, del afán de garantizarle a la gente más querida los medios para vivir bien”, dice Melba.

“Las mujeres hemos sido protagonistas por siglos en la literatura, pero a través de la voz de los hombres”

Tras la acogida de esta obra, Melba ya está trabajando en su siguiente novela, y dice que “no es una historia de amor y sí es una historia de amor (risas), pero lo que va a tener en común con La casa de la belleza es que nuevamente las mujeres van a estar en primer orden. Yo creo que además las mujeres hemos sido protagonistas por siglos en la literatura, pero a través de la voz de los hombres, y no llevamos tanto tiempo siendo protagonistas en nuestra propia voz, y eso sí hace una gran diferencia”.
Así lo dijo la autora hace unas semanas en una de sus columnas para el diario El País de Cali, llamada “Los escritores muertos”, argumentando que, aunque son muchos los escritores hombres que admira, ella se identifica directamente con las historias narradas en voces femeninas, porque, según afirma, “cuando uno piensa en la mujer contada por la mujer, hay un intimismo y una manera de acercarse desde adentro que difícilmente la puede tener un hombre”.

También está convencida de que en Colombia se ha vivido un cambio en los últimos años y que “por ejemplo, la manera como cada vez más se habla de la maternidad sin esa connotación rosa que se le ha dado por tanto tiempo, sino pudiendo abrazarla en toda su complejidad, es un gran avance, pero hay un camino muy largo por recorrer: hablar de nuestra sexualidad, de nuestra vida laboral, de nuestros deseos, nuestros miedos, de nuestras necesidades enunciadas por nosotras mismas… No es tan fácil en el sentido de que es una voz que ha sido silenciada por tantos siglos que apenas estamos reconociendo que hay un registro de una voz propia y que podemos usarla”.

“En un país machista y con una violencia hacia las mujeres como la que hay, tendría que existir una política de inclusión de las mujeres”

Muy a propósito de este tema, recientemente un grupo de escritoras del país, entre ellas Melba, redactaron y firmaron un manifiesto en contra de la exclusión a las escritoras luego de que se conociera que, a un evento de literatura colombiana en París, que hace parte de los eventos del año Colombia-Francia, organizados por el Ministerio de Cultura y la Biblioteca Nacional, solo asistirían escritores hombres colombianos. Para Escobar, “este es un hecho que está muy ligado a un país que es muy frágil en su Estado y muchas veces esa noción de que ‘el vivo vive del bobo’ viene de ahí: si no hay un Estado que me proteja, yo tengo que salir a defenderme, y en esa lógica, me parece que eso ha ido permeándolo todo”.
Expresa también que no cree que la exclusión de las escritoras del evento en París “fuera necesariamente un ejercicio deliberado de querer anular a las mujeres, ni mucho menos, creo que fue un descuido muy desafortunado que habla muy mal del Ministerio de Cultura, de la Biblioteca Nacional y de quienes estuvieron a cargo, pero que habla también mucho de cómo somos, y de cómo a veces no nos tomamos el tiempo ni el esfuerzo que merece cada cosa. Y yo creo que justamente y con mayor razón, un Ministerio de Cultura, en un país abiertamente machista y con una violencia hacia las mujeres como la que hay aquí, tendría que existir una política de inclusión de las mujeres”.

A diferencia de varias de sus colegas, la escritora no comparte la idea de poner una tutela, porque “no creo que este sea un tema ni de ley ni de cuotas, creo que va mucho más allá, es un tema que hay que ir incorporando poco a poco en la mentalidad de los colombianos, pero sí creo que eso es una labor del Ministerio de Cultura, que ha debido pensarlo, y pienso que no es solo la ausencia de mujeres, porque también hay que hablar de una diversidad. Como decía en la columna ‘Los escritores muertos’, somos muy cerrados como país, y culturalmente la literatura en Colombia ha sido escrita por hombres blancos y, además, asociados al poder”.
Melba resalta la cantidad de mujeres en el país que hoy se dedican a escribir sobre un sinfín de temáticas y en diversidad de géneros. Como ellas, ingenieras, científicas, artistas, médicas, investigadoras y muchas más, están cambiando la historia del país, uno que Melba sueña les ofrezca a las nuevas generaciones de niñas unos modelos femeninos diferentes, que rompan el molde, pues “para una niña adolescente promedio, de provincia, es un terreno muy árido y acaba siendo siempre el mensaje de que la belleza es todavía, en pleno siglo XXI y a pesar de todas las luchas feministas, la única posibilidad de salir de pobres, de ser alguien, y eso me parece muy lamentable, y es algo contra lo que se debería luchar desde una política de Estado”, concluye.

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