Personajes

Natalia Espitia, pedalea para empoderar

Hasta hace muy poco, Natalia Espitia era una mujer insegura que sentía miedo incluso al entregar un informe en su trabajo. No se sentía cómoda en la calle y sufría de ataques de pánico en espacios públicos. Estaba convencida de que era una situación normal hasta que su jefe de ese momento le aconsejó que aprender a montar bicicleta sería un buen primer paso para dejar tantos miedos atrás.
Y es que a sus 27 años, esta publicista bogotana, fundadora de ‘Niñas sin miedo’, no sabía montar bicicleta, y no era algo que le diera vergüenza admitir. En ese momento todavía desconocía lo mucho que aprender a montar le cambiaría la vida y la ayudaría para superar un intento de abuso sexual que sufrió en una calle de Buenos Aires, y que mantuvo en silencio durante tres años.


Entonces, siguió el consejo de su jefe y aprendió con su mamá. “Aprendimos en la Biciescuela, un colectivo de personas que enseñan de manera gratuita. Para ambas fue un ejercicio de conectar la mente con el cuerpo, de pensar que no te vas a caer. En definitiva, pedalear era un acto simple de seguridad”, cuenta Natalia.
Al principio siempre usaba audífonos, estaba tapada todo el tiempo e incluso asegura que no podía explorar su feminidad con su vestuario. No se sentía cómoda. Pero después de varios intentos, Natalia empezó a usar la bicicleta diariamente para llegar a su trabajo en una organización social en la comuna 4 del municipio de Soacha. Allí se desempeñaba como directora de comunicaciones y trabajaba muy de cerca con las familias y los líderes sociales de la comuna.
Para ese momento ya tenía claro que con su profesión no generaría el impacto o la transformación en la vida de otras personas que siempre había buscado. Además, ya había pasado varios años estudiando sobre emprendimiento social y fundaciones, así que estaba decidida a hacer realidad su propia iniciativa.
La bicicleta empoderó a Natalia. La hizo más segura, más libre y le dio la mejor idea de su vida: trabajar con niñas y mujeres de esta comunidad y compartirles su experiencia. Así nació ‘Niñas sin miedo’, una ONG cuyo objetivo es fortalecer habilidades y brindarle herramientas a niñas y adolescentes para que construyan un mejor proyecto de vida. Se enfoca en la educación, el deporte y el apoyo psicosocial para prevenir la violencia sexual y el embarazo no deseado.
“En mi historia encontré un proceso de empoderamiento que me permitió soñar en grande. Sin pensarlo más, el 8 de marzo de 2016 salí y recorrí las calles con un cartel que tenía una pregunta: ‘¿Quieres un país con niñas sin miedo?’. La gente alzaba el pulgar y manifestaba su apoyo. Tomé una foto, por primera vez conté lo que me había pasado y lo publiqué en Facebook. Le conté a la gente sobre la idea y pedí ayuda para conseguir bicicletas. Muchos lo compartieron y así empezamos”, recuerda Natalia.

Un entorno vulnerable
¿Por qué Soacha? Las razones son evidentes y Natalia lo sabe. Su experiencia previa con esta comunidad le permitió conocer las problemáticas y acercarse a muchas de las familias que viven allí. En la comuna 4 de este municipio, llamada Ciudadela Sucre, viven más de 81.000 habitantes, 43% es población desplazada y el 19% son niñas entre los 0 y los 14 años.
Como lo muestra la página web de la organización, según un estudio de la Gobernación de Cundinamarca, hecho en 2013, Soacha está entre los primeros municipios del departamento con mayor casos de jóvenes embarazadas. En el barrio los Pinos, donde Natalia inició con el proyecto piloto, viven 779 familias y en el 43% de estos hogares las mujeres son madres cabeza de familia.
Según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), el 86% de los casos de abuso sexual se presenta en niñas y el 58% sucede en entornos familiares. Una muestra de que las mujeres y las niñas son una población vulnerable y su entorno también lo es. Para Natalia, este era un escenario perfecto para empezar a trabajar por niñas más seguras, más informadas, que conozcan sus derechos y entiendan por qué nadie debe vulnerarlos.
Además de una alianza con el ICBF para recibir capacitaciones técnicas, la organización cuenta con más de 22 voluntarios que apoyan el trabajo de Natalia, en particular jóvenes. Hoy, esta ONG recibe a más de 50 niñas, entre 7 y 17 años, que asisten los sábados a un salón comunal que por ahora funciona como sede.
Allí atienden charlas sobre sus derechos sexuales y reproductivos, temas de género, posibles situaciones en las que sus derechos se vean vulnerados y, sobre todo, aprenden que su palabra vale y que ellas están en capacidad de decidir lo que quieren que pase con su cuerpo y su vida.


Lo aprendido en los talleres se refuerza con actividades como bicipaseos, recorridos recreativos por la ciudad, además de dinámicas donde se les enseña la importancia de la autoestima, la seguridad y el autocuidado. Todo lo aprenden subidas en una bicicleta, y si no saben, aprendiendo a montar.
“Es muy gratificante saber que se está generando un movimiento social, uno que busca que las próximas generaciones estén llenas de mujeres líderes y que puedan contagiar su poder a sus familias y a sus comunidades. ‘Niñas sin miedo’ también ha logrado vincular a los padres y tocar temas que para ellos son sensibles pero que son importantes para fortalecer el ejemplo que les dan a sus hijos”, asegura su fundadora.
Natalia Espitia sigue soñando en grande. Para el próximo año espera contar con la primera sede propia de la organización, donde también se brinden servicios de salud sexual y reproductiva. Además, conformar con las niñas el primer equipo femenino de bikepolo o bicipolo, un deporte prácticamente desconocido en el país.

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