Cultura

Las preguntas de Adriana Marmorek

La primera reliquia llegó a sus manos sin quererlo, sin buscarla. Era el molde en yeso de una vagina que una exnovia le regaló a un conocido suyo. Él no pudo botarlo, y entonces decidió dárselo a la única persona que sabía podía interesarle. Por curiosidad artística, Adriana lo guardó durante mucho tiempo.

“Me resultó muy interesante y estuvo conmigo por muchos años, al menos doce. Un día, leyendo La mancha humana de Philip Roth, llegué a la parte de la discusión sobre el famoso vestido azul de Mónica Lewinsky, donde el autor se pregunta por qué tanto revuelo por un vestido. Resolví investigar y comenzar a mirar qué pasa con los objetos de los amantes, las reliquias que uno guarda de un amor”, cuenta Adriana .

En 2015, llegó a reunir más de 50 reliquias, como vestidos de novia, cepillos de dientes, botones, tiquetes de tren, condones, entre otros, para la exposición que presentó en el Salón Regional de Artistas Zona centro de ese año. A través de una convocatoria, la gente participó y donó sus objetos más queridos. Como cierre de esta propuesta artística, en la que se cuestionaba por lo efímero, Adriana quemó 12 objetos, uno de ellos el vestido de novia de una mujer que hoy hace parte de sus obras más reconocidas.

Adriana no siempre tuvo claro que se iba a dedicar al arte, pero crear siempre estuvo entre sus actividades favoritas. Es comunicadora social y periodista de la Universidad Javeriana en Bogotá. Durante más de una década desarrolló su carrera profesional en torno a la publicidad y a la televisión, fue directora del departamento de publicidad del Canal Caracol hasta que sintió que en su vida hacía falta algo de profundidad.

“Desde el día cero tuve claro que yo quería producir creativamente. En segundo semestre, comencé a trabajar el barro como una pasión que poco a poco fue ocupando un lugar muy grande en mi vida. Disfruté mucho ese momento de mi vida en Caracol, siento que estar en ese medio me permitió conocer, la puesta en escena, la ficción, las capas de realidad, y alimentó mi trabajo como artista”, comenta.

En 2006 finalizó una maestría en Artes Plásticas y Visuales de la Universidad Nacional, y el primer espaldarazo en su trabajo como artista fue Artecámara en 2007. Hizo parte de la primera generación de artistas en participar de una de las plataformas de exposición más importantes para los nuevos talentos en el país.


Lo difícil de hablarle al amor
La artista se pregunta por el deseo, el placer, la sexualidad y la pasión. Sus obras son una especie de ‘arquitectura del deseo’, como ella lo llama, pues le interesa explorar estos temas como una construcción social que tiene puntos de vista, miradas y posturas distintas. Su trabajo pasa por la escultura, la fotografía, la instalación y el video. En todas sus expresiones, la mirada es un asunto definitivo. Y el espectador es una de esas miradas. Por eso, a lo largo de sus exposiciones se ha encargado de involucrarlo de alguna manera.
“Hay proyectos que tú abres y sientes que tienes que seguir halando, hay otros que los dejo por un tiempo y vuelvo a ellos”, asegura Adriana. Y ‘Háblame, amor’ es uno de esos a los que la artista sintió la necesidad de regresar.
En esta exposición retoma su pregunta por lo efímero, pero esta vez se las traspasa a dos instituciones que se aferran a lo eterno: el Museo de Arte Moderno de Bogotá y el matrimonio, y los cuestiona sobre su papel en el mundo actual que tanto le apuesta a la temporalidad.
‘Háblame, amor’ estará en el MamBo hasta el próximo 7 de enero. Los asistentes podrán apreciar las distintas reflexiones que se plantea la artista sobre el amor a partir de reliquias que se expondrán con la historia de por qué fueron atesoradas –y que al final serán quemadas–, una proyección de un vestido de novia mientras se quema y una instalación arquitectónica y sonora.
Adriana es una de la tres mujeres nominadas a la novena edición del Premio Luis Caballero, que para esta versión les propuso a ocho artistas (Lina González, Ana Palacios, Leonardo Herrera, Luis Fernando Ramírez, Juan David Laserna, Rodrigo Echeverri y Felipe Arturo) presentar su proyectos en espacios no convencionales y generar un diálogo distinto con la ciudad y los asistentes.
Su propuesta no solo es el cierre del Premio Luis Caballero, es también el final de un ciclo para la artista, pues esta vez había una condición para recolectar las reliquias que iban a formar parte de la exposición, y era que sus dueños tuvieran claro que al final iban a ser quemadas. “Es la mejor manera de terminar con esta propuesta que comenzó hace tantos años y que ha sido maravillosa, pues me ha permitido entender esa relación de apego tan profunda de las personas con ciertos objetos para perpetuar el amor”, comenta Adriana.

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