Personajes

Jossimar Calvo, un día en la vida de un campeón

Su nombre es sinónimo de triunfo. Todo lo que se lee o conoce sobre este deportista cucuteño habla de medallas alcanzadas en campeonatos. Las más recientes, las cinco de oro que logró en los pasados Juegos Bolivarianos de Santa Marta. Sin embargo, para él aún no es suficiente, pues sueña con dos medallas de oro para consagrarse: en unos Juegos Olímpicos y en un campeonato mundial de gimnasia artística.
Jossimar se toma su tiempo para responder esta entrevista. A pesar de que tiene una agenda apretada, pues solo estuvo un día en Bogotá, saluda y habla un rato con los entrenadores, los niños y jóvenes que practican gimnasia en uno de los coliseos del Centro de Alto Rendimiento de Coldeportes. A veces se distrae viéndolos saltar en trampolín, parece que quisiera estar ahí. Recuerda que su entrenador siempre les dice, a él y a sus compañeros, que deben tener los pies en la tierra, pero a Jossimar le gusta más tenerlos en alto, en sus rutinas, en su práctica.
Se refiere a Jairo Ruiz Casas, su actual entrenador, como el maestro. A él y al profesor Denis Beltrán –quien fue su entrenador en la liga infantil– les atribuye lo que ha logrado. No solo en el deporte, sino en su vida personal. “Ya son 18 años de estar entrenando gimnasia y todo este tiempo ha sido con ellos. Me crié, crecí y me formé como persona con ellos. Solo tengo palabras de agradecimiento”, afirma el deportista.

Desde ya, el gimnasta se prepara para sus competiciones del 2018, entre ellas los Juegos Suramericanos y los Juegos Centroamericanos y del Caribe

Pero la verdad es que a la hora de hablar de ‘su maestro’, Jossimar se queda corto. Pues Cúcuta es una potencia en gimnasia gracias al esfuerzo de Jairo Ruiz, quien “con las uñas” ha levantado la Liga de Gimnasia de Norte de Santander. De hecho, cuatro de los cinco gimnastas de la Selección Colombia se entrenan en Cúcuta, y tres de ellos nacieron en esta ciudad. “Es una persona fundamental en mi vida y en la de mis compañeros, él vela por todo su entorno, busca incansablemente apoyo para nuestro grupo. Este deporte es lo que es gracias a él”, confirma.
Empezó a los cinco años en la gimnasia artística, todo gracias a su mamá, Nohora Moreno, la más importante entre las personas que lo han apoyado incansablemente a lo largo de su carrera deportiva. Fue ella quien, para calmar la hiperactividad de su hijo, decidió llevarlo a la liga; creía que Jossi, su niño, que veía las películas de Jean Claude van Damme y jugaba a imitar sus patadas y sus acrobacias, tenía una oportunidad en este deporte. Y no se equivocó.
Con la sonrisa tímida que le genera hablar de su mamá, Jossimar confiesa que era ella quien “lo obligaba” a ir a entrenamientos cuando él no quería. Como todo niño, hubiera preferido estar en la calle jugando fútbol con sus amigos o vecinos de la misma edad, pero en cambio debía salir del colegio a la práctica. Aunque muchas veces no tuvieran dinero para los buses, nunca faltó a un entrenamiento.
Se demoró, pero el momento de recoger los frutos cosechados llegó. El talento y la disciplina de Jossimar han hecho que las dificultades del pasado hoy sean solo anécdotas para contar cómo se forjó un campeón. Ya no vive con Nohora, ahora vive con su pareja, pero Jossimar sigue una misma rutina: levantarse a las 7 de la mañana, estar en el sitio de entrenamiento antes de las 9 y al mediodía ir a almorzar con su mamá. Volver a la práctica antes de la 1:30 p.m., donde entrena hasta las 6 o un poco más tarde, si debe hacer actividad de recuperación o fisioterapia.

Con los pies en la tierra
Si la gimnasia aún no le ha enseñado qué significa ser fuerte, Jossimar lo ha aprendido de uno de sus mayores ídolos: Jesús Romero Montoya, a quien se refiere como un ejemplo de superación y tenacidad. Jesús era una de las promesas de la gimnasia colombiana. También cucuteño, a sus 18 años ya contaba con dos medallas de oro en los Juegos Suramericanos hasta que un accidente durante un entrenamiento lo dejó cuadripléjico.
“Fue de las primeras personas que me tendió la mano cuando inicié este deporte. Pasábamos mucho tiempo juntos, incluso viví en su casa. Mi admiración y respeto hacia él han estado siempre, antes y después de que su vida cambiara. Es un ejemplo de vida: se dedicó a estudiar, es abogado y siguió adelante. Es a él a quien le pido la bendición antes de competir”, cuenta Jossimar.
Estar en la cima no lo nubla. Lo aprovecha al máximo pero tiene muy claro que “el deporte es un cuarto de hora” y que ocho horas de entrenamiento diario no lo van a proteger de una lesión. Nada está garantizado y por eso Jossimar decidió estudiar. Está en séptimo semestre de una licenciatura en educación física que cursa a distancia en la Universidad de Pamplona y en cuarto de Tecnología Deportiva en las Unidades Tecnológicas de Santander.
En su cabeza ya está sincronizado el calendario de todas las competiciones donde estará en el 2018, entre las más importantes: los Juegos Suramericanos de Bolivia, los Juegos Centroamericanos y del Caribe que se disputarán en Barranquilla, además del Campeonato Mundial de Gimnasia Artística en Doha, Catar, determinantes para la Selección Colombia que está en busca de la clasificación a los Juegos Olímpicos.
Así, en medio de una conversación ambientada por el sonido que producen los saltos en trampolín y las indicaciones de los entrenadores a sus pupilos, Jossimar cuenta que espera tomarse un tiempo de descanso en diciembre –pero aún no se muestra muy seguro– y que va a ser papá. “Será una niña y estoy muy feliz. Voy escalando etapa por etapa, ahora llegó la del papá deportista y estoy seguro de que será una motivación más para seguir cumpliendo mis sueños”.

“Voy a ser papá de una niña y estoy muy feliz.
Voy escalando etapas, ahora llegó la del papá deportista y estoy seguro de que será una motivación más”

Por: Andrea Mouza

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