Personajes

Vanessa Londoño, otra forma de contar la violencia

Escribir es un vicio que nunca se supera y del que nunca se puede salir”, dice Vanessa como primera respuesta a esta entrevista. Tiene 31 años, y las letras no fueron su primera opción: estudió derecho, y antes de dedicarse del todo a la escritura fue profesora de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad del Rosario. Incluso trabajó en prestigiosas firmas de abogados.
Más allá de eso, siempre tuvo la intuición de que quería dedicarse a la literatura. Y decidió aventurarse. En 2014 llegó a Nueva York para estudiar la Maestría en Escrituras Creativas en Español de la NYU, de donde se graduó con la beca MA Scholar al mérito académico. Allí también trabajó como periodista en el canal de noticias independiente Democracy Now, y fue editora de literatura del portal web Americas Quarterly.

En Colombia ha colaborado para las secciones culturales de distintos medios. Su experiencia con el periodismo es de vieja data, pero lo describe como un oficio ingrato. “En Democracy Now no tuve una buena experiencia. A veces me parecía que su postura política de izquierda y de respeto a los derechos de los inmigrantes era letra muerta al interior de la organización. Los medios en Colombia tampoco tratan bien a los periodistas, y a veces me parece que los editores se empeñan en que no surjan nuevas voces”, comenta Vanessa.

Sus mayores reconocimientos, sin embargo, llegan hoy de mano de la ficción, el género que escogió para narrar diferentes formas de violencia que la han impactado a lo largo de su vida. Los impares, su primer libro, es una serie de relatos que plasman las distintas características de Latinoamérica, homogeneizadas en el exterior. En estos cuentos, Vanessa explora las ausencias intangibles que aterrorizan tanto como la pérdida física de distintas partes del cuerpo.

“Estoy intentando escribir sobre la pérdida, pero encuentro que es difícil explicarla más allá de lo físico. No todos hemos sufrido la experiencia de la violencia y muchos la hemos conocido de segunda mano, pero en cambio sí tenemos una relación directa con nuestro propio cuerpo. Por eso lo uso como un sistema con el que todos nos podemos relacionar. A todos nos ha cicatrizado mal una herida o nos ha dolido un músculo cuando hace mucho frío, y nos aterroriza perderlo. Como dice Margarita Cavendish, somos cuerpos encerrados en almas”, asegura la escritora.

Pero no es solo en Colombia donde ocurre este tipo de violencia: partes del cuerpo mutilados, muñones y malformaciones por causa de los conflictos. Vanessa creció en una época muy cruda de la violencia en el país, donde estas imágenes eran comunes en los noticieros o en los medios. En sus múltiples viajes constató que en muchos otros países también eran recurrentes estos hechos. Y así llegó a la temática principal que aborda en su primer libro.

Los impares fue galardonado, entre 274 participaciones, en la V edición del Premio Internacional de Literatura Aura Estrada, el mismo año en que este galardón cumple una década de haberse creado en memoria de esta escritora mexicana. Este reconocimiento se entrega a mujeres menores de 35 años que vivan en México o en Estados Unidos y que escriban en español. La ganadora recibe 10.000 dólares y la oportunidad de hacer residencias de dos meses en cuatro comunidades de artistas: Ucross, en Wyoming; Ledig House, en Nueva York; Santa Maddalena, en la Toscana (Italia), y Ex-hacienda Guadalupe, en Oaxaca (México).

Ser inmigrante es perder algo
Vivir en otro país y dedicarse a la escritura ha sido un camino lleno de obstáculos para Vanessa. Aunque Nueva York empezó siendo un lugar circunstancial, pues al comienzo era simplemente la ciudad donde tenía pensado estudiar, terminó siendo una ciudad determinante para su vida y su proceso de escritura.

Al principio, no se sentía como una inmigrante. Por el contrario, encontraba fascinante volver a estudiar. Durante mucho tiempo se sintió como una persona en tránsito, sin lugar; una persona mudando de vida: “Las universidades estadounidenses son un hechizo, una especie de amparo que mitiga la realidad de la inmigración. Fue luego cuando empecé a caer en la realidad de mi estatus. La fatiga de los procedimientos migratorios, la invisibilidad, la angustia, la vulnerabilidad frente a los empleadores, frente a quienes tienen el poder. Creo que ese constante estado de incertidumbre y de soledad fueron determinantes para concebir un proyecto tan sombrío como Los impares”, asegura Vanessa.

Con Donald Trump como presidente, las cosas no mejoraron. En una entrevista para el diario Noticias de Oaxaca, en México, Vanessa aseguró que a partir de las elecciones vivió un año muy traumático, pues entró en un estado de tensión. Durante un tiempo no pudo trabajar, ella y su novio, que es musulmán, sufrieron mucho con el veto a los musulmanes y prácticamente sentía que en cualquier momento sus derechos quedarían anulados por completo.

“Poco después de que Trump se instalara en la presidencia, mi vecino empezó a llorar todas las tardes. Yo escuchaba su llanto, filtrado a través de la pared de mi estudio, que es lo que nos separa. A veces yo también lloraba para hacerle compañía. Nunca sabré si Trump era el motivo de su tristeza, pero yo lo asumí así, porque era el motivo de la mía”, comenta.

A pesar de la zozobra que esta situación genera, su talento sigue brillando. A finales de noviembre del año pasado, Vanessa recibió otro reconocimiento, también en México: el premio Nuevas Plumas, que busca impulsar el periodismo narrativo en español, entregado en la edición número 31 de la Feria Internacional del libro de Guadalajara.

Estos premios son una prueba de que la literatura colombiana cuenta ahora con una nueva voz, que desde afuera, busca narrar algunos de los episodios más complicados de nuestra historia reciente, con un tono y visión muy particular.

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