Personajes

Leila Guerriero, “la única regla con la escritura es el exceso”

Considerada una de las maestras de la narrativa hispanoamericana de no ficción, cada texto de esta cronista argentina es una muestra de buen periodismo. CARAS habló con ella antes de su participación en el Hay Festival de Cartagena.

CARAS: ¿Se puede vivir de la escritura en estos tiempos?
Leila Guerriero: Sobre todo en los inicios es difícil imaginarse cómo puede hacerse una vida a partir de esto, cómo escapar de la típica situación de atender una caja en un supermercado, por ejemplo, y escribir solo en los ratos libres. Lo que diría, que además me ha funcionado, es que se debe persistir, tener tozudez, la confianza y la seguridad en que el trabajo, si tiene algo de calidad y algo que valga la pena, termina abriéndose paso. Confío mucho en que los editores siempre están en busca de nuevas voces, de talentos. Creo que también tiene mucho que ver con entender que un autor, salvo que sea realmente una estrella del firmamento literario, difícilmente se gana la vida escribiendo solo libros. Hay una cantidad de vasos comunicantes como la docencia, la edición, o dedicarse a intervenciones periodísticas que pueden resultar de mucha ayuda.

CARAS: En una entrevista reciente que le hizo el diario argentino La Nación, hablaba de que generalmente los temas que tienen cercanía con la felicidad espantan a los cronistas. ¿Le ha pasado?
L.G.: No es que me asusten; por ejemplo, en ‘Una historia sencilla’ cuento una ilusión feliz sobre alguien que quiere ganar un concurso de baile para transformar su vida. Pero sí es verdad que contar temas que no rimen con violencia o conflicto armado es más difícil, pues ahí hay toda una ética que resulta muy rica desde el punto de vista narrativo. Encontrar otros temas y no caer en el cliché de la felicidad tonta es muy complicado, como también lo es, en general, encontrar la felicidad, y es algo que en la literatura de ficción también pasa. Hace poco le recomendé un libro a una persona y me decía, ‘me encantó pero le hubiera dado otro final, recomiéndame un libro con final feliz’. Me puse a pensar y los libros con finales felices son muy pocos. Ahora, también es cierto que hay temas cercanos a la cotidianidad de la gente que no necesariamente encajan entre los grandes conflictos del continente, y a los que tampoco les paramos muchas bolas por considerarlos menores.


CARAS: ¿Todas las historias merecen ser contadas? ¿Cómo encontrar las que sí?
L.G.: El universo de interés de cada uno es muy particular. En eso juega un papel toda la vida de alguien: sus gustos culturales, su educación, sus lecturas. Lo primero es identificar con qué temas reverbera cada uno; cuando uno encuentra algo que lo llama, siempre hay una pregunta que no está respondida, aunque hayas leído mucho sobre el tema, y ese es el llamado que puede sentir un buen periodista cuando se lanza hacia una historia. Si el tema no convoca tu interés, es mejor dejarlo pasar, pero antes debes asegurarte de que no lo estés desechando más por prejuicio personal que por una convicción fuerte. Estaría bien abrir el abanico de posibilidades y escribir más sobre ciencia, música clásica o investigación científica que de pronto no entrañan en el escritor ‘un conflicto de gente muerta’, por decirlo de alguna manera muy brutal, pero son realidades que vale la pena iluminar.

CARAS: Para muchos pareciera que la figura del editor se ha perdido o desdibujado con el paso de los años…     
L.G.: Un buen editor es fundamental y lo tienes que tener toda la vida. Siempre que sea un editor que trabaje para que tu texto brille y que te quiera ver crecer. Mis grandes maestros fueron mis editores tanto en redacciones como cuando fui freelance. Hasta el día de hoy recuerdo señalamientos muy concretos que me enseñaron algo una sola vez y no necesité que me lo repitieran nunca más. En temas relacionados con escritura en sí, con el profesionalismo y la seriedad con la que uno tiene que encarar este oficio. Un gran editor es alguien que te ayuda desde la escritura hasta recordarte, cuando dudas, por qué estás haciendo lo que estás haciendo.

CARAS: Muchas veces llegan momentos en que los autores pueden sentirse estancados en su manera de escribir, sobre todo cuando se está comenzando. ¿Cómo encontrar otros caminos?
L.G.: La única regla con la escritura es el exceso. Para escribir mejor se debe escribir mucho además de leer mucho. La lectura es básica, no puedes escribir bien si no lees incluso más allá del disfrute, si no lees intentando descubrir el truco que utilizó tal para resolver un detalle en la historia. Después hay que estar muy atento a ese momento en que tu escritura empieza a transformarse, por un lado está muy bien dominar el estilo y, por el otro, llegan esos momentos en los que uno siente que está haciendo lo mismo, cometiendo una especie de autoplagio. No se puede ser camaleónico siempre, al final es tu voz y tu estilo los elementos que te hacen reconocible, pero sí hay que tener claro que el estilo va a ir mutando. No se escribe igual a los 20, a los 30 o a los 40. Si se mueve una pieza, si hacemos el esfuerzo de salir de la comodidad extrema al escribir, todo lo demás viene como en efecto dominó.

CARAS: ¿Qué le da sentido al periodismo en estos tiempos de inmediatez y de lectores aparentemente perezosos?
L.G.: Este sigue siendo un oficio de personas que cuentan realidades incómodas para todos, para el poder y para la gente. Creer que eso se puede remplazar por 240 caracteres y que cualquiera que saca un teléfono celular y que pasa por un lugar, en medio de una situación cruenta, es periodista, sería confundir mucho las cosas. Se supone que somos profesionales, que sabemos cómo buscar información, dónde contrastarla y establecer una mirada sobre la realidad. Esta idea de que ya no importa cómo lo vemos, sino que hay que verlo rápido es una carrera para desquiciarse. Nosotros, los trabajadores del periodismo debemos revertir esa situación y establecer una especie de rebelión de la lentitud: no tomarte tres meses para contar una noticia, pero sí pedir dos horas más porque la nota en media hora no se puede hacer, porque tienes que ir al lugar donde está sucediendo todo y mirarle la cara a esta fuente para ver si miente.

CARAS: ¿Qué tanto de la periodista hay en la editora?
L.G.: Busco que los escritos de otros cumplan los mismos criterios que intento alcanzar en los míos: la nitidez de un texto, respetando por supuesto el estilo de cada uno. Debe contener toda la información imprescindible, y así el lector tiene todo lo necesario para comprender la historia en ese texto y no tiene que salir a buscar en Google cosas que no entendió. Está muy bien que le despierte curiosidades y que, por ejemplo, si es una nota sobre una mujer acusada de asesinato, busque videos en Youtube, pero lo que creo es que para saciar su interés debería bastar esa nota y ese también es un criterio que deben cumplir mis textos. Además, es importante que se note cierto grado de obsesión a la hora del trabajo de campo, de reportería. Me produce mucho dolor cuando veo un texto que está bien escrito pero que no tiene sustancia.

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