Estilo

Sebastián Jaramillo, un talento irrepetible

Los suyos nunca fueron juguetes convencionales. A los ocho años creó su primera joya, hecha de esmalte, cuarzo y alambre. Hoy sabe que era una cuestión de tiempo para que su espíritu creativo y talentoso saliera a flote. Su padre es historiador y su mamá antropóloga, así que Sebastián creció rodeado de infinidad de objetos considerados como reliquias, antigüedades y libros. De esa combinación quedó, al menos, una obsesión.

Parte de su infancia transcurrió en Washington, una ciudad que también le permitió tener cercanía con los museos, con la historia y el arte. Sebastián asegura que su destacada carrera en la orfebrería se la debe a sus padres, quienes hicieron todo lo posible para que él pudiera alimentar su pasión. Solían llevarlo a exposiciones de joyería, donde conoció el trabajo de René Lalique y Carl Fabergé, dos de los joyeros más reconocidos en el mundo.

Es tímido al hablar sobre sí mismo. Pareciera que su esencia está definitivamente ligada a transformar, a convertir y a crear. Si se trata de ponerlo en palabras, por su oficio lo mueve un amor muy grande. “No tuve opción, la joyería siempre fue lo mío. El interés ha estado desde pequeño”, asegura Sebastián.

Después de terminar el colegio, estudió platería en la Escuela de Artes y Oficios Santo Domingo, y posteriormente viajó a Estados Unidos para estudiar gemología en el Gemological Institute of America (GIA). En Nueva York, una ciudad en la que aún hoy encuentra inspiración, cursó el programa de diseño de joyería en el Fashion Institute of Technology. A Colombia regresó en 2008, lanzó su propia marca con el nombre de Sebastián Jaramillo Jewelry, y ha estado presente en algunas de las ferias de moda más importantes del país, como el Bogotá Fashion Week y Bcapital.

Para su primera colección utilizó casquetes de bala de diferentes calibres, provenientes de zonas de conflicto en el país, para hacer collares, cadenas y aretes que además incluyeron piedras semipreciosas y perlas. La colección fue un éxito en Nueva York, donde vendió casi todas las piezas y donde además se le abrieron las puertas para el mercado internacional.

“Ha sido más fácil encontrar en el exterior un mercado abierto para mis diseños. Con la primera colección no vendí nada en Colombia, pero en Nueva York fue un éxito. Es en ese momento cuando empiezan a buscarme en mi país, lo cual es un poco irónico y triste, pero así fue. Hoy mis principales clientes se concentran en Estados Unidos, España, Francia y Colombia”, comenta Sebastián.

A los casquetes le siguieron las calaveras. Piezas muy elaboradas, cargadas de piedras de distintos colores y perlas de río donde las protagonistas eran las calaveras hechas a partir de cristales de Swarovski. Una colección en la que Sebastián quiso plasmar el poder unificador de la muerte. “Sin importar la religión, la orientación sexual, el género, la raza o el estatus social, en el fondo todos somos lo mismo, una calavera. Así que es tiempo de empezar a vivir y dejar de odiarnos por nuestras diferencias”, asegura la descripción de esta colección en su página web.

Las reacciones que provocan sus diseños son extremas. “O las aman o las odian, no hay punto intermedio”, dice Sebastián, quien no tiene problema al reconocerlo, pues sabe que su estilo –en  proceso de construcción constante– no es amigo del minimalismo y generalmente resulta en colecciones extravagantes, llenas de color y recargadas, que pueden ser “demasiado” para muchas personas.
Para otras, por el contrario, son consideradas piezas de arte que vale la pena coleccionar. Como es el caso de una cliente de Sebastián que le ha comprado siete collares y los enmarca para colgarlos en su casa, en vez de usarlos.

Piezas únicas
La exclusividad es una de las características que más destaca sobre sus joyas. “He tenido problemas porque hay tiendas que necesitan 20 cosas iguales, no las puedo hacer. Cada collar es único, la inspiración llega de una manera y no se puede repetir. Además mis colecciones van creciendo, vuelvo a ellas, no las abandono, no son una cosa pasajera”, cuenta Sebastián.

Prueba de ello son los collares, aretes y prendedores elaborados con casquetes de bala que retomó en 2016 para mostrar cómo un elemento de guerra puede ser transformado y pasar por un proceso de resignificación hasta convertirse en una pieza que cuente una historia distinta. “Es lindo hacer joyas que tengan un mensaje, que no sean hechas solo para exhibirlas, que lucirlas tenga un propósito y un mensaje para el mundo”, afirma.

Una de sus colecciones favoritas y con mayor acogida en Colombia ha sido la de Lego. A Sebastián lo inspiran por supuesto sus gustos personales: la lectura, el cine y los viajes que realiza, y confiesa que las piezas de Lego fueron su juguete favorito cuando era pequeño, así que quiso hacerle un tributo a la magia e inocencia del “niño interior” que todas las personas guardan.

“Para mí las joyas no son un trabajo, son como mi juguete favorito de adulto. Me divierto y me entrego totalmente. En esta colección pude contar esa magia de ser niño a partir de escritores, reyes y personajes importantes en la historia de la humanidad realizados en lego y convertirlo en piezas que se pueden usar”.
Una de las grandes pasiones que encuentra en su profesión es el reto de utilizar nuevos materiales y darles un valor agregado para convertirlos en joyas. Siguiendo este reto, empezó a trabajar con plásticos reciclados, como encendedores usados, botellas y cepillos de dientes, para su colección más reciente de 30 piezas y que fue un éxito total en diciembre. Por el momento, Sebastián está enfocado en la expansión de su taller, ubicado en su casa en Bogotá, y sacar adelante los pedidos que ya tiene para otros países.

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