Personajes

Felipe Restrepo Pombo, “Aprendí a no tener miedo al escribir”

Es el periodismo narrativo el género que más disfruta, el que más defiende Felipe Restrepo Pombo. En el que tuvo la oportunidad de aprender al lado de los grandes maestros de este oficio y en el que hoy es uno de los autores más destacados. Como escritor ha publicado una biografía de Francis Bacon titulada Retrato de una pesadilla, y dos libros de perfiles periodísticos: Nunca es fácil ser una celebridad y 16 retratos excéntricos. Formas de evasión es su primera novela. Además editó La ira de México y Crónica: la mejor narrativa en América Latina (Unam, 2016). Estuvo en Colombia para la más reciente versión del Hay Festival y es uno de los 39 mejores escritores latinoamericanos menores de 40 años escogidos en la iniciativa Bogotá39. CARAS no podía dejar pasar la oportunidad de hablar con él.

CARAS: ¿Cuál ha sido es esa lección que ha aprendido y que siempre lo acompaña en su oficio de periodista?

Felipe Restrepo Pombo: Hay dos que son muy claras: la humildad y el rigor. La primera es una que he confirmado al lado de los grandes maestros del periodismo narrativo como Leila Guerriero o Alberto Salcedo. No se sienten más o menos que nadie, su trabajo es simplemente ir, observar y dar una mirada sobre la realidad. Y el rigor es fundamental, ha sido mi mayor aprendizaje: el cuidado que se debe tener con cada cosa que se dice. El periodismo ha entrado en una especie de desprestigio y de cuestionamientos porque muchos de nuestros colegas han caído en el error de no ser rigurosos. El primer deber de los periodistas debería ser cultivar esa mirada que dan sobre la realidad, no defender, ni ayudar ni abogar por determinada causa o persona.

CARAS: ¿Qué es lo que siempre debe perseguir un buen periodista?

F.R.P.: El rigor con el oficio y la honestidad. Al menos en el periodismo narrativo, que es al que más me he dedicado y el que más defiendo. Me gusta mucho el periodismo que está pensado desde una primera persona, desde un yo que observa y lo pone en escena para otros, que cuenta algo que resulta interesante por esa manera tan particular de narrar lo que ve. Todos en algún momento aprendemos que nuestro único capital es nuestro nombre. Recuerdo un taller de Tomás Eloy Martínez, otro de los grandes maestros del periodismo narrativo, en el que decía que cualquier error es hasta cierto punto excusable, menos traicionar la honestidad que uno se debe a sí mismo y al material con el que trabaja que es el lenguaje.

CARAS: ¿Cuál es la mayor enseñanza que dejó la escritura de su primera novela?

F.R.P.: Siempre digo que el paso del periodismo a la literatura se dio de manera natural, pero la verdad es que escribir una novela no es nada fácil. Tenia esta historia que empezó como un trabajo periodístico y en la que pronto me di cuenta que solo podía utilizar la ficción como andamiaje para contarla. Trabajé en ella con las mismas herramientas que utilizo para hacer una pieza periodística: hablé con diversas fuentes, hubo muchas entrevistas e investigación de archivo. Hubo momentos en que me ganaban lo cuestionamientos y paraba. En un momento fue más fuerte la necesidad de terminarla, como un reto personal, y simplemente dejé que fluyera. Quedé muy satisfecho con el solo hecho de verla impresa y que alguien haya decidido publicarla. La lección más importante para el futuro es no tener tanto miedo al escribir, no postergar, decir voy a escribir lo que quiero y ya serán los lectores quienes juzguen de más.

CARAS: Dice la escritora española Almudena Grandes que toda ficción es autobiográfica ¿Qué tanto lo sintió en ‘Formas de evasión’?

F.R.P.: Estoy de acuerdo. Es tan intenso y difícil el ejercicio de escritura que la historia se va permeando de lo que tú eres, de lo que has vivido y de lo que has visto que han vivido otros. No quiere decir que el libro sea solo basado en cosas de mi vida, de personas que conozco o sobre la que he investigado, ahí entra el trabajo de volverlo ficción: lograr que la novela sea un mundo independiente y no una copia del que conoces, que tenga esa influencia sí, pero que sea independiente, real, y verosímil. No quería ser otro autor colombiano que escribiera sobre la guerra pero se dio así y me pareció muy lógico que en el momento de mayor acción de la novela, Víctor Umaña (el protagonista) se viera retratado en este contexto en que la violencia de la sociedad permea en el individuo y cómo ese momento tan intenso de enfrentarse a la crueldad y a la maldad lo empiezan a transformar y a aplastar.

CARAS: Tiene muchos elementos de una novela policiaca… ¿lo es?

F.R.P.: Quería que la escritura de la novela se diera por escenas, de una manera muy visual, que la empezaras a leer y no pudieras parar. Tal vez porque tengo mucha influencia de autores como Truman Capote o Ernest Hemingway, y también utilicé recursos del cine, de películas como ‘Los sospechosos de Siempre’ o directores como Alfred Hitchcock y David Fincher, por mencionar algunos referentes. Trabajé mucho para lograr que cada capítulo tuviera ese mismo ritmo frenético y depuré mucho en la escritura, haciéndola muy ágil. Con ese giro final que invita al lector a cuestionarse por la veracidad de los hechos y de lo que le cuenta el narrador , a preguntarse ¿realmente la historia fue así? ¿hay algo que no me están contando?

CARAS: Hace parte de los 39 mejores escritores de Latinoamérica menores de 40…

F.R.P.: Lo mejor es que alguien todavía pueda considerar que yo soy joven, eso es lo que más me gusta de estar en esta lista. Hablando en serio, la noticia fue emocionante y un orgullo estar en este grupo tan talentoso. Para mí significa más que considerar que soy uno de los mejores de algo, que hice parte de una lista de un jurado al que le gustó mi trabajo y eso me invita es a ser cada vez más profesional y serio, escribir con más rigor y trabajo y no pensar que ya estoy consagrado. Ahora, quedamos estos 39 pero hubieran podido quedar 39 otros y eso de lo que habla es de la calidad de escritura que hay en Latinoamérica. Una preselección de más de 200 escritores menores de 40 años, como la hubo al inicio de este proceso, solo habla de la buena salud de la literatura y la escritura en Latinoamérica.

CARAS: Ha dictado talleres de escritura en varios países y conoce el oficio de cerca en la región…¿Cuáles son esos elementos comunes del periodismo latinoamericano?

F.R.P.: Algo que nos junta es la voluntad de ciertos autores de contar historias. Lo veo mucho en Colombia, en México y en el resto del continente. Hay una nueva generación que ha leído a los grandes maestros y quiere seguir por ese rumbo, y eso me llena de esperanza. En las redacciones te encuentras con personas que trabajan con ese interés de hacer un periodismo serio, que informa pero está bien contado. Y los problemas también son comunes, la falta de recursos, de apoyo a los periodistas y de sensibilidad de las grandes empresas y conglomerados por este oficio. Además de la terrible situación de seguridad. Tuve el privilegio de editar La ira de México, un libro en el que quisimos reflexionar desde el periodismo sobre la falta de garantías para ejercer el oficio en el país y al final decidimos añadir el nombre y alguna muestra del trabajo de los colegas asesinados, intimidados o amenazados y resultaron páginas y páginas de nombres. Un ejercicio tremendamente conmovedor y aterrador. Esta situación no está mejorando y afecta sobre todo a los periodistas regionales y reporteros independientes que no tienen el apoyo directo de un gran medio. En Colombia, por otro lado, se ha mejorado un poco la libertad de la prensa, hay un cuidado y una mayor protección. Eso me alegra mucho.

CARAS: una parte muy importante de su trayectoria ha surgido como editor, pero este oficio viene en declive, al menos en las redacciones…

F.R.P.: Para mí el editor ideal es el que existe en el periodismo narrativo, que se asemeja al editor de ficción, ese que tiene tiempo para invertirle a un texto y trabajar con las historias muy de cerca con el autor. En el periodismo informativo, desafortunadamente una de las grandes cosas que se está perdiendo es la figura del editor. Quienes se dedican a informar están bajo la presión constante del tiempo, si la edición es semanal o es diaria y en la web, la presión es por horas. Los medios quieren estar sobre lo inmediato, competir con Twitter o Facebook y una de las primeras consecuencias de regirse por la inmediatez es que ya no sea relevante la figura del editor. Conozco muchos medios digitales en los que simplemente se escribe la historia y sin ningún filtro o lectura, se publica. No quiero decir con eso que todo lo que se diga va a resultar mal, pero hay un gran riesgo de que se digan cosas que no son ciertas, de información no verificada y de que se cometan errores gravísimos con repercusiones muy serias. Lamento muchísimo que desaparezca el editor porque incluso en el periodismo más inmediato debe haber alguien con cierta experiencia para hacer una pausa y decir hay otro enfoque u otra mirada que valdría la pena explorar.

Por: Andrea Maussa Fotografías: Leo Queen, Producción: Daniela Corzo, Asistentes de producción:  Alejandra Borrero y Mariana Londoño

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