Personajes

Luis Miguel Bermúdez, un profesor más allá de los prejuicios

Desde hace siete años Luis Miguel Bermúdez es profesor del colegio Gerardo Paredes, sede A, ubicado en el barrio Rincón, en la localidad de Suba, en Bogotá. Recuerda vívidamente cada experiencia que le ha dado esa institución. Cada logro ha sido producto de un esfuerzo muy grande por entender y por ir más allá de lo aparente. Dejar de pensar en los adultos, en sus prejuicios y sus incomodidades y pasar a pensar en los más jóvenes y en sus necesidades.

El primer día que pisó el colegio no hubo tiempo para una inducción o para familiarizarse con el entorno. Mucho menos para creerse todas las advertencias que le hicieron sus colegas. Su clase se llamaba “Mentalidad y pobreza”, y comenzaba en el salón 805. Lo necesitaban de manera urgente, así que sin conocer muy bien dónde quedaba su salón, llegó a sus estudiantes.

“Recuerdo que el ruido que provenía del salón era insoportable. Entré y todos se quedaron callados. Yo acababa salir de la universidad, así que parecía un estudiante más. No dije nada, me senté en la parte de atrás y aproveché para analizar el curso. En un momento dijeron: apliquémosle al profesor lo de esperar 15 minutos y nos vamos, así que me levanté y les dije, soy su nuevo profesor. Me ayudó mucho haberlos conocido como “uno más”. De la primera clase salí aplaudido y desde ese momento me di cuenta de que no me podía dejar contaminar por los prejuicios”, comenta Luis Miguel.

El colegio de hoy no es nada parecido a lo que conoció este profesor a su llegada. No fue fácil ingresar a una institución educativa con altos índices de violencia y de consumo de drogas, con problemas de pandillas, desplazamientos forzados, presiones de grupos armados ilegales, pandillas, maltrato intrafamiliar y cifras alarmantes de deserción escolar debido a embarazos prematuros.

Parece muy sereno al hablar de todo esto. Y es esa misma serenidad y disposición que desde un primer momento ha tenido para escuchar a sus estudiantes lo que le ha permitido enfrentar una realidad social compleja a través de cambios culturales y educativos con resultados tan eficaces. “Lo que uno escuchaba era: aquí apuñalan, aquí roban, aquí escupen, aquí maltratan al profesor, pero cuando entré, concluí que lo que más necesitaban estos estudiantes era afecto, y con afecto metido en la pedagogía se han solucionado muchísimos problemas”, agrega el profesor.

Con un proyecto educativo, que él llama currículo, se dio cuenta de que muchas de las problemáticas que vivían sus estudiantes estaban directamente relacionadas con la violencia de género. Este proyecto fue su tesis de doctorado en la que proponía básicamente una investigación con acciones muy concretas para transformar los prejuicios e imaginarios sobre la educación sexual.

Concluyeron, por ejemplo, que uno de los problemas estaba en los resultados que arrojaban los diagnósticos de educación sexual que se realizaban recurrentemente en la institución. Después de realizar una encuesta a los estudiantes, Luis Miguel Bermúdez y las directivas de la institución lo confirmaron: el 97% de los alumnos encuestados conocían hasta tres métodos de planificación. Sin embargo, los diagnósticos anteriores siempre arrojaban que los 70 embarazos que se presentaban al año en el Gerardo Paredes eran un problema de desinformación de sus estudiantes sobre métodos anticonceptivos. Un dato totalmente erróneo, que solo permitía concluir que las causas estaban por otro lado.

La investigación de este profesor y su equipo los condujo a algo que ya sospechaban: los embarazos eran el resultado de violencia de género hacia la mujer. “En esta localidad y en general en la sociedad latinoamericana, las niñas son educadas para proteger su virginidad. Aquí la adolescente que inicia relaciones sexuales es totalmente señalada y discriminada. Me lo decía una de mis estudiantes: planificar era como ponerse un letrero en la frente de ‘quitanovios’ y de infiel”, comenta Luis Miguel.

“Con afecto metido en la pedagogía se han solucionado muchos problemas”

El mejor profesor de Colombia
Había que quitar esos estigmas de la educación sexual, había que mostrarles a los padres, a las directivas del colegio que no por educar mujeres informadas, empoderadas, seguras de su cuerpo y de su sexualidad, se estaba promoviendo la promiscuidad. Y sobre todo que no debían ser rechazadas por decidir usar un método de planificación. El cambio cultural y escolar fue tal que permeó también en los ambientes familiares de los estudiantes.

Quitar los estigmas, garantizar que los estudiantes tuvieran un acceso seguro a los métodos de planificación y reducir la taza de embarazos a un solo caso en 2017 fueron algunos de los impresionantes logros de este profesor, que sueña con replicar su modelo en todos el país y en Latinoamérica, pues cree que el cambio fundamental está en la cultura y en la manera como son criados los adolescentes en la región.

En 2017, el profesor recibió el Premio Compartir al Maestro. Además, hace parte de los diez finalistas del Global Teacher Prize, premio auspiciado por Bill Gates, y conocido como el “Nobel de la educación” en el mundo. De ganar (el resultado se sabrá después del cierre de esta edición), este profesor recibiría un millón de dólares para continuar con su labor pedagógica.

“Todo este proceso del premio ha sido emocionante. Desde escuchar a Bill Gates pronunciar mi nombre  hasta la llamada del presidente Santos para felicitarme”, comenta Luis Miguel, quien ya es un ejemplo para Colombia y para el mundo. El educador es consciente de que para educar a las nuevas generaciones hay que pensar en los jóvenes, y sacar de la ecuación el querer siempre complacer a los adultos y seguir alimentando prejuicios y falsos imaginarios.

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