Personajes

El sabor del lujo

Visión e innovación son los calificativos que mejor describen a los gestores de Café San Alberto, una empresa que, además de otorgarle una connotación de lujo a la bebida insignia de Colombia, el café, está resignificando el campo y la agricultura como sinónimos de calidad, especialización y exclusividad.

La marca ofrece café para consumo nacional y para exportación, y cuenta con cuatro tiendas, que sus fundadores definen como ‘templos’, que han sido diseñados y construidos para que los amantes de esta bebida vivan allí experiencias únicas. Uno de ellos está ubicado en la Hacienda San Alberto, en el municipio de Buenavista (Quindío), donde esta historia comenzó. Otra se encuentra en el centro histórico de Cartagena, y las otras dos están en Bogotá, una en el Museo del Oro y la otra en Usaquén.
Pero para hablar del presente hay que remontarse al pasado. Todo comenzó cuando Gustavo Leyva, padre de Olga Cecilia Leyva, la esposa de Eduardo Villota y mamá de Gustavo y Juan Pablo, compró la finca San Alberto, en el pequeño municipio de Buenavista (Quindío). Allí comenzó la producción de café, que llegó a manos de Eduardo, un agricultor consagrado, quien ha dedicado su vida a trabajar el campo y quien alternaba su labor de caficultor en el eje cafetero con su trabajo en otras tierras de los llanos orientales.

“Soñamos con que los espacios sofisticados del mundo, la realeza, los empresarios, esas personas que quieren darse un privilegio sensorial, piensen en el café colombiano” Gustavo Villota

Sus hijos, que conforman la tercera generación de la familia, Gustavo y Juan Pablo, al principio de su carrera tomaron caminos alejados del agro. Ambos son administradores de empresas del Cesa. Gustavo trabajó durante muchos años con marcas de lujo, especialmente con productos de perfumería y belleza, enfocándose en áreas de innovación, negocios y mercadeo. Juan Pablo, por su lado, se dedicó por mucho tiempo a ejercer dentro de una importante compañía multinacional de licores, lo que le permitió adentrarse en el mundo de las bebidas de lujo.
A pesar de haber seguido caminos distintos, padre e hijos tenían un gusto en común: los buenos vinos. “Quise que mis hijos estudiaran por fuera del país. Por eso, los dos viajaron a Francia a hacer una especialización, y durante este tiempo tuvieron la oportunidad de probar el sabor del buen vino, que es una afición que les heredé”, relata Eduardo.
Con el conocimiento y la pasión que sentían por el tema, Gustavo y Juan Pablo decidieron retomar el negocio familiar del café y transformarlo a través de su conocimiento con respecto al manejo de marcas de lujo: “En 2007 entramos nosotros, que somos la tercera generación, y aprovechamos el sabor espectacular que se da en la hacienda San Alberto y lo transformamos en una propuesta que tuviera sentido para el consumidor, donde hay unos procesos de selección muy rigurosos, que llamamos de quíntuple selección. También hay una visión de un artista y unos sabores para terminar en un producto único con una identidad muy clara. Aquí siempre ha habido un hilo conductor, que es el anhelo de una familia por proponer algo de lujo, algo que hubiéramos gozado nosotros como paladar de consumidores”, afirma Gustavo.
Su hermano Juan Pablo aprovechó su sensibilidad para capacitarse en torno al mundo del café y hoy es Catador Q, la máxima categoría internacional otorgada por el Coffee Quality Institute. Él asegura que “cuando empezamos con este proyecto, nos dimos cuenta de que el colombiano se debía sentir orgulloso de tomar un muy buen café y que, así como había lujo y exclusividad con los whiskies de malta, con los vinos, con el coñac, ese colombiano sibarita tenía que encontrar en el café un producto con el cual se pudiera identificar”.
Desde su aparición como café premium en 2007, Café San Alberto ha sido merecedor de más de una docena de premios nacionales e internacionales, entre los que resaltan el de mejor café exótico del Concurso Nacional de Calidad 2017, la medalla de oro en Monde Selection desde 2014 hasta 2017, y tres estrellas doradas por su labor superior otorgadas por el International Taste and Quality Institute.
La excelencia de este producto, explica Juan Pablo, se basa en varios puntos estratégicos: “Por un lado, una técnica aplicada por personas con más de 40 años de experiencia y tradición; por el otro, contamos con una ubicación geográfica privilegiada. Y, por último, tenemos una propuesta de negocio en la que nos obsesiona la excelencia”.

Eduardo Villota, agricultor de oficio, les heredó a sus hijos el gusto por el buen vino, lo que les sirvió de inspiración para crear una marca de café que guardara la calidad y los rituales del licor de lujo

Como les sucede a muchos emprendedores, cuando comenzaron a gestar esta idea, “muchos nos dijeron que estábamos locos, que el país no estaba preparado para algo así”, dice Gustavo. “Y sí, definitivamente, San Alberto no va a ser el café más vendido del mundo, tenemos solo 40 hectáreas, que es poco para ser productores de café, y aplicamos un proceso de selección que deja de lado alrededor del 40 o 50% de los volúmenes. Esto no es masivo, pero soñamos con que los espacios privilegiados del mundo, la realeza, los grandes empresarios, esas personas que quieren darse un privilegio sensorial, piensen en el café colombiano”, agrega.

En contra de los pronósticos iniciales, la historia de Café San Alberto ha estado marcada por el éxito. Además de la apertura de sus primeras cuatro tiendas, la familia cuenta que algunos de los hombres más ricos del mundo los buscan para vivir de su mano experiencias únicas en torno al café. Además, han encontrado en el turismo otra gran oportunidad y Procolombia ha sido un gran aliado para explorarla. Por ejemplo, San Alberto ofrece una experiencia cafetera en Cartagena a los turistas que llegan en cruceros.
La familia Villota habla con orgullo de su producto, y ahora lo hacen igual de su nueva tienda, que abrieron recientemente en Usaquén: “Este templo es nuestra tienda insignia, es la que mejor presenta la marca y queríamos que permitiese profundizar en la esencia de San Alberto. Así que en la tienda hay un recorrido por la historia de la marca y por sus valores. Quedan muy evidentes nuestro lugar de origen, la técnica, nuestro gran rigor y la tradición y la familia”, afirma Gustavo.

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