Personajes

El oficio de ser mamá

Hoy las mujeres buscan balancear su vida laboral con la maternidad, para no perderse ningún detalle del desarrollo de sus hijos, poder seguir trabajando y así dejarles experiencias enriquecedoras. Cinco mujeres que lo han logrado cuentan cómo lo hicieron:

María Carolina Hoyos Turbay – Herencia solidaria

Por la sangre de María Carolina Hoyos Turbay, presidenta de la Fundación Solidaridad por Colombia, corre un deseo auténtico y prácticamente natural de ayudar a los demás. Es tal vez ese el mayor legado que le ha dejado su familia, pues es la nieta mayor de Nydia Quintero, una de las primeras damas más recordadas de Colombia por su espíritu solidario, el mismo que la llevó a crear la fundación que hoy preside María Carolina. “Yo digo que la solidaridad me la dieron en el tetero, porque creo que la mejor manera de educar es a través del ejemplo. Siempre estuve muy cerca de mi abuela Nydia, e incluso viví con ella desde muy pequeña y tuve la posibilidad de entender cómo concebía la ayuda a los demás. Me acuerdo acompañándola a las reuniones, a sus eventos, a entregar becas, a visitar a las comunidades.

Fui creciendo y entendí que no concebía mi vida de otra manera, y estudié periodismo como mi mamá, Diana Turbay, pero siempre lo entendí como una vocación de servicio”, afirma María Carolina.

Por eso, desde todos los cargos que ha desempeñado, la comunicadora ha buscado generar un impacto social. Ya había trabajado antes en una organización sin ánimo de lucro, la Corporación Matamoros, y también se desempeñó en el sector público como viceministra de tecnologías de la información y las comunicaciones. Sin embargo, hace un año y dos meses aceptó la propuesta de relevar a su abuela en la presidencia de la Fundación Solidaridad por Colombia, una misión que la llena de alegría, pues “para mí el concepto de vida está atado a la huella que dejamos en nuestro paso por la tierra”.

Eso mismo ha querido inculcar en sus dos hijos, Tomás, de 15 años, y Mateo, de 13. Para ellos, como para su mamá, la solidaridad es un valor que les sale del corazón. “Desde que nacieron, ellos me han acompañado en mi trabajo. Por ejemplo, Tomás fue conmigo a un batallón de alta montaña en Fusa a llevarles regalos de navidad a los soldados, acompañó a mi abuela Nydia muchas veces a entregar becas Diana Turbay. Como viceministra, mis dos hijos estuvieron conmigo en La Guajira para llevar internet a los niños wayúu, y cuando fuimos, llevaba tres años sin llover. Para ellos eso fue muy impresionante, y desde entonces, por iniciativa de ellos, en su baño hay un balde para recolectar agua y toda esta estrategia en mi casa ha sido obra de ellos”, cuenta María Carolina.

Agrega, además, que los dos jóvenes donan una parte de su mesada para darle una beca educativa a un niño, y concluye diciendo que “Mateo en su colegio izó bandera por la solidaridad y Tomás tiene una conciencia de ayuda espectacular, entonces pienso que sí sirve educar a través del ejemplo. Para mí es muy importante que mis hijos, sin importar lo que vayan a hacer en la vida, tomen la determinación de dar de lo que tienen y no de lo que les sobra”.

Karen Daccarett – diseña su manera de vivir la maternidad

Su historia con el diseño empezó en el armario de su abuela, Alicia Pinedo de Daes. A los ocho años no existía un mejor plan para Karen que explorar los gustos, colores, prendas de vestir y los zapatos de la mujer que más la inspiró en temas de moda. Su abuela, su mamá y ella eran fieles seguidoras de la revista Vogue, y fue gracias a publicaciones tan icónicas para la industria, y a la forma de vestir arriesgada y vanguardista de las mujeres más importantes de su vida, que supo el camino que quería tomar.

Estudió diseño de modas en LaSalle College y se especializó en el Instituto Marangoni, en Milán. Fue precisamente en esa ciudad donde conoció al arquitecto Francisco Leal, quien se convertiría en su amigo, socio y esposo. En el 2008 juntos crearon la marca Leal Daccarett.

La diseñadora barranquillera asegura que es una mujer intensa en el trabajo, perfeccionista al detalle y ese precisamente ha sido su sello en Leal Daccarett. En el 2011, mientras consolidaba su carrera como una exitosa empresaria y diseñadora junto a Francisco, llegó Jacobo, su primer hijo. Hoy la familia tiene una integrante más, Ilaria, que llegó hace meses para sumar felicidad a su hogar.

“Antes de ser mamá ni me imaginaba lo que significaría convertirse en una, pues nunca fui de esas mujeres que se derretían cada vez que veían a un niño. Hasta que tuve el primero y se transformó mi vida del cielo a la tierra. Definitivamente no es una experiencia que se pueda contar, solo lo sabes hasta que lo vives”, comenta Karen.
La diseñadora habla poco, en cambio sonríe con cada ocurrencia de Jacobo y aprovecha cada instante para consentir a Ilaria. Asegura estar agradecida por tener la libertad de manejar sus horarios para poner siempre primero a sus hijos. “Alguien me dijo una vez que tocaba manejar la casa igual que la empresa. Se trata de organización, de entrega absoluta y hacer todo para tener tiempo de calidad con los niños”, agrega.

En sus palabras, la maternidad es como el movimiento de las capas tectónicas con un terremoto, todo se mueve para reacomodarse y tarda un poco pero todo vuelve a su lugar. Así ha logrado que la vida fluya de nuevo, a un ritmo frenético en muchas ocasiones, después de dos hijos. Para la familia Leal Daccarett lo más importante son las enseñanzas que empiezan en casa, los valores que se inculcan y la valentía y disciplina de luchar por lo que se quiere para llegar a ser el mejor en eso.

Después de ser mamá, aprendió a delegar el trabajo, a laborar desde casa y a cambiar espacios. Las largas charlas con Francisco para una nueva colección siguen sucediendo, pero ahora ocurren cerca de los niños. Concentrada en verlos crecer, en no perderse un minuto y en disfrutar mientras todo sucede, sin abandonar su trabajo.

Mábel Lara – Amor que transforma

La periodista y presentadora del Canal 1 ha conquistado al público por su inteligencia, carisma, belleza y por su compromiso incansable con el desarrollo integral del país. Durante su carrera, Mábel se ha posicionado como líder y embajadora de nobles causas, especialmente de las que tienen que ver con el Pacífico, una región que pide a gritos la atención del Estado.

Pero además de estas admirables facetas, la caleña es madre de Luciano Galvis Lara, de cuatro años. Con su llegada al mundo, la vida de la periodista se partió en dos y él ha sido motivo de inspiración para que su madre continúe levantando su voz en pro de la inclusión, la justicia y la equidad. “Luciano significó para mí no solo un cambio físico, sino un cambio mental, de comprometerme con el mundo, de pensar qué le voy a dejar a mi hijo, a sus amigos. Yo siento que la maternidad me despertó de nuevo el sentimiento de responsabilidad con los demás, que siempre lo he tenido, pero se acrecentó”, asegura Mábel.

Luciano, a su corta edad, se ha convertido en un maestro de vida para la comunicadora, quien cuenta que su pequeño la sorprende todos los días por “la facilidad con la que ve el mundo, es práctico, sin ataduras e intenta hacer su vida con lo que se le va presentando en el día a día. Yo creo que nosotros nos ponemos tantas ataduras, tantas prevenciones, tantas barreras para ser felices, para continuar con nuestros sueños. Por ejemplo, hace poco Luciano me dijo ‘vámonos a conocer el mundo, no importa que trabajes en otra cosa’, porque él es desprendido, y esa sencillez para ver la existencia a mí no solo me derriba sino que me pone a pensar todo el tiempo que la vida es más simple de lo que creemos”.

Por supuesto, la maternidad ha llegado con todos sus retos y aprendizajes. Uno de los más grandes, tanto para Mábel como para muchas madres trabajadoras, es el de equilibrar los horarios entre su carrera y su faceta como mamá. Sin embargo, la periodista ha aprendido a soltar la culpa, porque como ella dice, “las mamás siempre tenemos culpa, sale la placenta y entra la culpa de una y pasa sobre todo con las mamás que queremos seguir con nuestras carreras. Yo lo que he entendido es que puedo disfrutar de mi maternidad enseñándole a mi hijo que su mamá trabaja, que es independiente, y él se siente orgulloso de mí. Desde ahí estoy construyendo ese respeto por mi feminidad, por mi independencia, por el liderazgo que de una u otra forma tengo en mi carrera profesional. Yo no me imagino siendo solo mamá o solo periodista, eso no está contemplado en mi vida”.

Pero, además, Mábel desde su trabajo busca construir el país que quiere dejarle a Luciano y a los niños que, infortunadamente, no tienen las oportunidades que merecen. Su objetivo también es criar a su pequeño hijo de forma que entienda la importancia de dar y de construir un mundo más equitativo.

Laura García Caballero – Cambios positivos

En el tercer piso del apartamento de esta abogada barranquillera hay una casa pequeña de colores, con flores en las ventanas y unas puertas de vaivén blancas por las que se asoma en repetidas ocasiones la pequeña Julieta, que llegó hace un año y 10 meses al hogar Luna García para transformarles por completo la vida a Laura y a David, exministro de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC).

La casa, que se encuentra en el salón de juegos de Julieta, es un legado familiar. Laura cuenta que originalmente perteneció a una de sus primas, luego pasó a ella y ahora está en manos de su hija, quien encuentra en esta casa de madera una de sus mayores diversiones.

“La primera idea sobre la maternidad se forma según lo que viviste en tu casa, y yo pensaba que sería una cosa muy bonita y muy parecida; lo ha sido teniendo en cuenta que mi mamá y yo tenemos personalidades diferentes. Creía que iba a ser más nerviosa o me iba a estresar fácilmente, pero me ha dado suave, relajado”, comenta Laura entre risas y con su particular acento costeño.

Su historia de amor con David Luna inició hace casi ocho años en Ginebra, Suiza, cuando él era viceministro de Relaciones Laborales y ella hacía una pasantía en la misión de Colombia en Naciones Unidas. Después de un año y medio de noviazgo, la pareja decidió casarse en Barranquilla. En julio de 2016 nació Julieta, la tercera y más importante integrante de esta familia.

“Antes todo el tiempo era para mí, para mis necesidades y prioridades. Por mi trabajo podía fácilmente llegar a las 10 de la noche a la casa, pero ahora tengo que pensarlo dos veces antes de quedarme en la oficina. Los cambios han sido más que positivos, maravillosos”, explica.

Hoy su rutina empieza con saludar a Julieta y bañarla, hacer un poco de ejercicio y alistarse para irse a la oficina. Ambas salen a la misma hora de la casa, la pequeña se va a sus clases de gimnasia y estimulación temprana, mientras que Laura llega a la compañía petrolera donde trabaja en el área de asuntos corporativos. Al medio día vuelve a la casa para almorzar con su hija y en la noche, su tiempo es solo para Julieta y David.

De toda esta experiencia tan transformadora que ha significado ser mamá, la abogada dice sin ninguna duda que es lo mejor que le puede pasar a una mujer y que cualquier sacrificio que surja en el camino vale la pena. Recuerda particularmente los primeros viajes con Julieta. “A los dos meses me la llevé a Barranquilla, a mi me dan miedo los aviones pero tuve que superarlo porque al viajar con ella hay que estar pendiente de otras cosas: la pañalera, el coche, es toda una logística”, comenta.

La Arenosa es un destino de viaje constante para esta familia, pues quieren que Julieta esté muy en contacto con sus raíces costeñas. También desean que sea una niña feliz, que no se limite por lo que sus padres o las personas esperen de ella, que tenga completa libertad de ser quien quiera ser, “con tal de que sea juiciosa y decente”, agrega Laura, quien no cierra las posibilidades de tener un segundo hijo.

Juliana Robledo – el poder de la alegría

La vida parece sorprenderla siempre en los momentos más inesperados, algo que, sin embargo, ha significado sus más grandes satisfacciones y alegrías. Pasó de ser una adolescente huesuda, tímida e insegura por su estatura y su apariencia, a convertirse en una mujer reconocida por su belleza y su inteligencia. Fue Señorita Bogotá, pero su trayectoria estaba en el modelaje. Ha llevado diseños de Isabel Henao, Carolina Herrera y Moschino, y ha sido imagen de marcas tan importantes como Falabella, Fedco y Pink Filosofy.

En marzo de 2006, después de repensar su decisión de estudiar sociología en la Universidad Nacional, llegó a Argentina para ingresar a artes escénicas en el Centro de Investigación Cinematográfica de Buenos Aires. A su regreso a Bogotá y después de varios cursos de actuación, obtuvo el rol antagónico en el seriado La Prepago de Sony y Teleset, participó en la serie Mentiras perfectas (adaptación de Nip/Tuck para Colombia). Y desde el pasado 20 de octubre es mamá de Milagros, y entonces todo cambió de nuevo.

Hace dos años, antes de la llegada de su hija, sufrió una pérdida de la que aún no se ha recuperado del todo. “La pérdida de un embarazo es una situación muy difícil. Al menos yo lo viví de esa manera. La vida te arrebata una ilusión en un segundo. Se siente vergüenza, se siente culpa, uno se pregunta: “¿qué hice mal? ¿Qué debí haber hecho de manera diferente?”. Hablar ayuda a hacer conscientes pensamientos y sentimientos que uno esconde por miedo. Ya llegará el día en que haya liberado el dolor y pueda hablar de eso sin que se me haga un nudo en la garganta”, comenta Juliana.

Desde entonces su vida se ha transformado y no puede sentirse más a gusto. Siempre pensó que ser mamá sería una de las cosas que más alegría traería a su vida y lo ha reafirmado. En sus palabras, es un sentimiento y una fuerza que aumenta con el paso del tiempo. “Algo que he percibido es que ahora, aunque me siento más poderosa porque fui capaz de dar vida, me siento también mucho más vulnerable. Es recurrente en mí la imagen de una leona que cuida a su cría celosamente, protegiéndola con su amor frente a los peligros del entorno”.

Ya no duerme tanto como antes. Su día empieza a las 6:00 de la mañana y está enfocado en su bebé. Juliana parece muy tranquila con la irrefutable verdad de que con el paso del tiempo y la maternidad el cuerpo se modifica y asegura que por ahora las oportunidades laborales siguen surgiendo y que en esa medida seguirá aprovechándolas. Más que nada en el mundo quiere que Milagros sea feliz, desea fervientemente que esa búsqueda que ahora emprende junto a su hija le dé el impulso suficiente para levantarse, luchar y superar el cansancio y las dificultades que traiga cada día.  Al hablar de los nuevos proyectos, confiesa que no quiere dejar de lado la actuación, pues es “algo que se debe”, que vienen cosas relacionadas con diseño, y comenta entusiasmada el relanzamiento de su serie web Molly: Nací en el país equivocado, que se trasmitirá por el canal web ‘Sin filtro digital’, y que cuenta la historia de una modelo dedicada a criticar, problemática y que dice las cosas sin filtro, como muchas de las que colegas con las que Juliana ha compartido pasarela. Satisfecha y feliz de ver realizado su trabajo, esta bogotana está sin duda atravesando por uno de sus mejores momentos.

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