Personajes

Las primeras damas de los candidatos

Siempre se ha dicho que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. Pero en el caso de las esposas de los candidatos a la presidencia, más que detrás, ellas están a su lado, compartiendo viajes, acompañándolos a entrevistas, supervisando sesiones de fotos y, tal vez lo más importante, aconsejándolos y viviendo como uno solo este importante y definitivo momento.

Pero su rol no se queda ahí. Todas saben que si su marido sale elegido, tendrán la oportunidad de trabajar por el país, algo con lo que sueñan, y por eso ya tienen pensados los programas y proyectos a los que quisieran apostarle. La niñez, la educación y la lucha contra la violencia de género hacen parte de las agendas de estas cuatro mujeres.
Sus historias, si bien diferentes, tienen en común la firme decisión de acompañar a sus esposos sin importar lo difícil que se ponga el camino. Y todas han tenido duras pruebas: Rosalba Restrepo de De la Calle, esposa de Humberto de la Calle, esperó pacientemente a su marido por casi cinco años, en los que se vieron muy poco, mientras él negociaba el acuerdo de paz con las Farc.

Verónica Alcocer, esposa de Gustavo Petro, tuvo que salir del país estando embarazada debido a las amenazas que recibió el candidato. A María Juliana Ruiz, esposa de Iván Duque, los ataques sufridos por cuenta de los muchos detractores que tiene su pareja le han pasado su cuota de malos ratos. Y Luz María Zapata estuvo al lado de su marido, Germán Vargas Lleras, en los dos atentados de los que fue víctima, y admiró su rápida recuperación frente al meningioma en el cerebro que sufrió hace dos años.

Aunque en algunos casos no se imaginaron estar ante la posibilidad real de ser la próxima primera dama del país, reconocen que sus maridos tienen las capacidades para ser presidentes. Y aseguran estar listas para afrontar las tareas que les traiga este nuevo rol.

En aras del equilibrio periodístico, CARAS invitó a Ana Lucrecia Ramírez, esposa de Sergio Fajardo, en repetidas ocasiones a través del equipo de prensa de la campaña para hacer parte de este especial, pero lamentablemente no fue posible lograr concretar su participación en este artículo.

Rosalba Restrepo de la Calle

Cuando a Rosalba Restrepo de De La Calle le preguntan si alguna vez se imaginó la posibilidad de convertirse en primera dama de la nación, esboza una enorme sonrisa y reitera que no, que para ella era algo muy lejano. Sin embargo, aquí está, plantada firme al lado de su esposo, Humberto de la Calle, convencida de su capacidad de dirigir el país.

Llevan 52 años juntos… “Toda una vida”, dice la manizaleña, y cuenta que se conocieron en la Universidad de Caldas, donde ella estudiaba Economía y él Derecho. Lo recuerda vestido de abrigo, miembro del nadaísmo, líder de la universidad y asistente infaltable a tertulias literarias. “Era, además de muy churro, muy intelectual, tenía esas dos connotaciones que llaman la atención”, agrega.

Luego de graduarse de la universidad, la pareja se casó y Humberto pidió un juzgado en Salamina, Caldas, donde Rosalba trabajaba con el ICA. Allá quedó embarazada de su primer hijo, José Miguel. Fue entonces cuando se devolvieron a Manizales y al poco tiempo nacieron sus otras dos hijas, Natalia y Alejandra. Más adelante, en el 83, sus trabajos los trajeron a Bogotá, donde Humberto ejercía como Registrador Nacional, y Rosalba, paralelamente, desarrollaba una brillante carrera. Entre otras cosas, trabajó varios años en el Ministerio de Educación, fue secretaria privada de Óscar Salazar en el Ministerio de Trabajo, ejerció en la secretaría general de Prosocial, fue superintendente y luego comenzó una carrera en el ámbito privado dentro de Leasing de Caldas.

Hoy, es abuela de seis niños hombres, los que le sacan las más grandes sonrisas, y es el apoyo infaltable de su esposo.
“Siempre estuve pendiente del trabajo, de los hijos y de la casa, como nos pasa a todas las mujeres”, dice Rosalba, quien expresa la admiración por el Ministerio de la Mujer que plantea su esposo dentro de sus propuestas, y asegura que de llegar a ser primera dama, este será uno de los temas en los que trabajará con mayor atención: “Me gustaría dedicarme a trabajar en la educación de la mujer de manera informal, porque la primera dama no tiene un cargo público. También hay unas obligaciones que se hacen a través del Instituto de Bienestar Familiar con los niños, que me parecen muy importantes. ‘Tutina’ de Santos tiene un programa muy bueno, que se llama ‘De cero a siempre’, y yo creo que hay que continuarlo y fortalecerlo”.

La esposa de Humberto de la Calle contó su historia de amor de más de 50 años con el candidato presidencial y reveló el lado más humano del exnegociador

Aunque Rosalba admite que estos días de campaña han sido difíciles, ella ha vivido al lado de Humberto momentos de mayor angustia a lo largo de su vida pública. Por casi cinco años su marido estuvo en La Habana mientras se desempeñaba como jefe negociador del proceso de paz. Rosalba solo fue en tres ocasiones a verlo y él venía a Colombia cada 15 días si podía, aunque hablaban y se escribían permanentemente. No fue fácil. Sobre todo cuando el ‘No’ ganó en el plebiscito, en octubre de 2016: “Eso fue terrible porque nunca nos imaginamos que podía pasar. Llorábamos todos en Palacio. Nos preguntábamos qué se viene ahora, qué fue este alud que nos cayó encima, era inimaginable. Ese momento lo superamos con fuerza, el Presidente los llamó a ellos a ver qué hacían y ellos decidieron seguir hacia adelante, luchar, negociar con los señores del ‘No’”.

Es esa determinación y esa capacidad para reponerse unas de las cualidades que, después de 52 años, hacen que Rosalba viva enamorada y orgullosa de su esposo. “Son tantas cosas que me hacen admirarlo… Es un tipo muy fuerte, es una persona admirable por todo lo que sabe, por todo lo que lee, por su capacidad de tratar los temas, por su amor al jazz, al teatro. Y además es un papá y un abuelo amoroso y muy pendiente”, concluye.

Luz María Zapata

La politóloga tiene planes de trabajar por los líderes sociales del país si Germán Vargas Lleras, su esposo, llega a la presidencia. También contó detalles sobre el lado familiar del candidato

La belleza de Luz María Zapata está acompañada por una evidente fortaleza y una claridad mental que le permiten expresarse con asertividad y muy buen humor. Entre risas admite que su relación con Germán Vargas Lleras no fue amor a primera vista.

Se conocieron cuando ella presentaba en el programa de televisión Panorama y más tarde se volvieron a ver en un Festival Vallenato, donde el político le hizo un chiste flojo. Hasta ese momento no había ningún interés entre ellos. Fue después de que Luz María se lanzara por primera vez al Concejo de Bogotá que llamó la atención de Germán. “Esa vez me faltaron 300 votos para ganar, pero él, a finales del 97, me invitó a que lo acompañara en su campaña al Senado. Empecé a ayudarlo, a viajar con él y nos enamoramos, no sabemos en qué momento. Primero fuimos muy amigos y terminamos tragados”, recuerda la pereirana.

Lo que sí tiene claro es que el compromiso, la fortaleza, el carácter y el temple de su marido fueron las cualidades que la enamoraron, y juntos han recorrido desde entonces un largo camino de éxitos profesionales. Mientras Vargas Lleras construía una promisoria carrera política, Luz María se encargaba de alcanzar sus propias metas. Se lanzó por segunda vez al Concejo y esta vez solo le faltaron 48 votos para ser elegida. Sin embargo, luego de esa decepción, se convirtió en la directora ejecutiva de la Asociación Colombiana de Industrias Licoreras, cargo que ostentó durante 14 años.

La politóloga explica que cuando su esposo fue elegido como vicepresidente del país, ella renunció a su puesto, y aunque nunca se ha arrepentido de esa decisión, confiesa que nunca perdió la pasión por trabajar, y por eso durante los años en que su esposo estuvo en esa oficina, ella lo acompañó activamente. “Tuve la oportunidad de conocer muy bien Colombia, no tan bien como Germán, pero por lo menos viajaba tres días de la semana. En este acompañamiento fui conociendo a los gestores sociales de los municipios y los departamentos, y por eso es que me siento tan comprometida con ellos para ayudarles a sacar sus proyectos sociales adelante, y eso es precisamente lo que quisiera hacer desde el despacho de la primera dama”, asegura Luz María.

“Germán es un hombre maravilloso en privado. Nosotros, la verdad, somos una familia muy unida, disfrutamos y nos reímos mucho”

También explica que su esposo está proponiendo la creación de un Ministerio de la Familia, el cual administrará y coordinará efectivamente la inversión social del país y, debido a que ese tema haría parte del resorte presidencial, “yo me encargaría de mis homólogos, que son, al fin y al cabo, los gestores sociales del país”.

Cuando se le pregunta a Luz María cómo es el Germán Vargas Lleras que la gente no ve, ella sonríe y afirma que “es un hombre maravilloso en privado. Nosotros, la verdad, somos una familia muy unida, disfrutamos y nos reímos mucho. Descansamos yéndonos a la finca los fines de semana. A Germán le encanta la jardinería, y cuando estamos allá, él sale a ver sus árboles. No hay nada que le guste más que estar en una comida con unos pocos amigos, no somos de fiestas grandes, sino de pequeños grupos, y disfrutamos mucho de su compañía. La música está muy presente en él, a mí me sorprende que un hombre después de los 50 años esté tan actualizado. También le gusta mucho la lectura, especialmente de temas marinos”, cuenta.

Verónica Alcocer

Cerca de cumplir 20 años de matrimonio con Gustavo Petro, la sincelejana se muestra muy optimista en este nuevo paso en la carrera política de su esposo. Tiene muy claro que de llegar a ser primera dama, combatiría la violencia infantil y de género

Pensar en ser primera dama hace casi veinte años, cuando me casé con Gustavo, no se sentía cercano pero se podía prever que en algún momento lo sería. Es una posibilidad cuando te casas con un político”, responde Verónica cuando le preguntan si alguna vez pensó en convertirse en primera dama de Colombia.

El tiempo ha pasado, pero los detalles siguen intactos. Se conocieron en Sincelejo cuando Verónica estudiaba derecho en la Corporación Universitaria del Caribe (Cecar). Ella era una de las organizadoras de una conferencia que promovía la discusión en torno al referendo propuesto por el entonces presidente Andrés Pastrana, y Gustavo Petro fue uno de los panelistas asistentes. “‘Qué mujer tan bella’, me dijo Gustavo, y a mí me quedó dando vueltas el piropo, un amigo de él que me conocía fue como el celestino. Y así se dio todo”, comenta entre risas.
En cada una de sus respuestas deja ver su alegría y amabilidad. Han sido días duros desde que inició la contienda electoral, sus horarios y su rutina se transformaron por completo, pero admite que cada pequeño esfuerzo ha valido la pena, pues ha podido conocer municipios, corregimientos y lugares que de otra manera hubiera sido improbable visitar. “El tiempo se divide entre atender  entrevistas, porque claro, la gente quiere conocer más de la persona que va a acompañar al presidente, y estar con mi esposo en cada correría. Eso me ha permitido conocer el país a profundidad, y ha sido maravilloso ver la esperanza de la gente, acercarme a ellos y aprender cuál es la mejor manera de ayudar”.

Y una forma de empezar es hacerle frente a la violencia contra la mujer y los más pequeños. Para la sincelejana, casos como el de Yuliana Samboní y el de Luis Santiago Pelayo son solo la punta del iceberg, pues son los que concentran la atención mediática, en medio de una realidad nacional escandalosa que ya no se puede seguir eludiendo. Su particular sensibilidad hacia este tema es tal vez la de miles de colombianos que, como padres de familia, quieren un entorno tranquilo y libre de violencia para sus hijos.

“En la casa Gustavo es muy tranquilo y amoroso. Le gusta jugar fútbol. Pasa mucho tiempo con nuestros hijos y nuestros perros”

“Hay que hacer un trabajo serio y muy comprometido para reducir los casos de maltrato infantil y contra las mujeres en el país. Si tengo la oportunidad, lo haré con equipos de trabajo especializados en atención y prevención, pero sobre todo con estrategias eficientes a la hora de lograr ese cambio cultural que tanto necesitamos para que no exista esa violencia tan focalizada”, agrega Verónica.
Tan clara como tiene su vocación de servicio y de ayuda para los demás, es para Verónica la convicción de que en familia todo se puede superar. Así han pasado juntos los momentos más difíciles, como las amenazas que vivió el candidato presidencial cuando denunció el paramilitarismo en Antioquia. Verónica recuerda que tuvieron que irse a Venezuela, mientras ella estaba embarazada, y a Washington para buscar protección. Igual que los hermanos y la madre de Gustavo Petro, quienes tuvieron que irse para Canadá.
Pero en medio de tantos momentos difíciles, siempre han encontrado la manera de disfrutar juntos como cualquier otra familia. “En la casa Gustavo es muy tranquilo y amoroso. Le gusta jugar fútbol. Pasa mucho tiempo con nuestros hijos y nuestros perros. Cocina, hace una pasta amatriciana deliciosa, que es la favorita de los niños. Él ha venido perfeccionando su receta”, asegura.
A medida que se acercan las elecciones y la tensión en el ámbito político aumenta, la familia Petro Alcocer está tranquila y optimista. Así lo asegura Verónica, quien además manifiesta que quisiera romper esa barrera de prejuicios y mostrar que en realidad es una mujer tranquila que simplemente espera la oportunidad de servirle al país.

María Juliana Ruiz

La formación de los niños sería el trabajo que desarrollaría esta abogada si su esposo, Iván Duque, es elegido presidente. Nunca se imaginó ser primera dama, pero sabe que su marido tiene las capacidades para ocupar el cargo

Para María Juliana Ruiz, estos días de campaña presidencial han estado llenos de contrastes. Por un lado, ella y su familia se sienten honrados de ver que Iván Duque está donde está gracias al afecto de la gente. “Iván es un ser humano de capacidades y cualidades excepcionales”, asegura. Pero al mismo tiempo, ha tenido que enfrentar el estar en el escrutinio permanente: “Hay quienes disfrutan de la participación en la escena pública, incluso viven de eso. Yo soy respetuosa de la intimidad, me gusta trabajar en privado y no hacer alarde de los logros”.
Su historia con Iván es larga. Se conocieron cuando ella tenía 15 años, y luego de una fiesta en donde un amigo común, en la que hablaron por horas, ella había quedado convencida: “Entre nuestras diferencias coincidimos en un montón de cosas que nos gustaban”, recuerda María Juliana. “Yo quedé matada y ese día dije ‘conocí al papá de mis hijos’”. Claro que para eso tuvo que pasar mucho tiempo. Fueron novios, amigos, incluso por momentos no hubo mayor relación, pero ella afirma que Iván siempre estuvo “muy cerca”.

Hace 15 años se casaron, y hoy tienen tres hijos. Tal vez por eso siente que, de llegar a ser la primera dama, su trabajo estaría centrado en la niñez: “Sería maravilloso poder contribuir con un proyecto que abarque temas claves en la formación de nuestros niños. Encuentro en la cultura, en la ciencia y la tecnología una herramienta fundamental para educar con valores y creatividad. Alejar la juventud de los vicios y la violencia. Creo también que el fortalecimiento del rol de la mujer en la familia y la sociedad, juega un papel muy importante. Tengo sensibilidad especial por lo relacionado con prevención en salud. Creo que es un aspecto donde es posible generar un impacto positivo, si se concentran bien los esfuerzos”.

“Hay quienes disfrutan de la participación en la escena pública. Yo soy respetuosa de la intimidad, me gusta trabajar en privado”

Hablar de todo eso todavía la sorprende, pues nunca se imaginó la posibilidad de ser la esposa del primer mandatario: “Siempre supe que me había casado con un hombre que tenía todas las condiciones honorables para ser Presidente, reconociendo su capacidad intelectual y su innata vocación de servicio. Pero no, no me imaginaba la posibilidad de ser primera dama”.
María Juliana define a Iván Duque como un muy buen miembro de familia. Asegura que es divertido y que los suele entretener con historias o anécdotas. Es muy dedicado con sus hijos y siempre ha estado cerca de ellos, desde las ecografías hasta las presentaciones en los colegios.
Ella también expresa que durante estos meses de campaña, la familia Duque Ruiz ha pagado su cuota de ausencia y malos ratos, fruto de varios detractores mal intencionados. Y recuerda el que considera fue el momento más difícil en la corta carrera política de su esposo: “Creo que fue la muerte de su papá en plena campaña del plebiscito, en 2016. Para Iván su papá era su mejor amigo, su mentor, su cómplice y su guía. Su inspiración en el servicio público y de repente se quedó sin él. Durante el duelo se dio esa triste división entre defensores de la paz y los simpatizantes de la guerra, con lo cual fueron muy agresivos con Iván, que defendía el No en el plebiscito de manera coherente y argumentada. Él recibió todo el soporte de la familia para no dejarse vencer emocionalmente, para seguir defendiendo con ideas y propuestas sus convicciones, y no caer en la faena desastrosa en la que terminó la gran mayoría de los ciudadanos”, recuerda.

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