Personajes

Juliana Muñoz Toro: “Narrar bien es aprender a mirar”

No ha pasado los treinta años y su voz, tan auténtica y crítica, ya conquista la literatura colombiana. Además de escritora, es periodista y profesora de la Maestría en Escrituras Creativas de la Universidad Central

Una joven desahuciada y con cien días de hambre. De eso se trata la conmovedora, crítica y mordaz historia de Los últimos días del hambre, la primera novela de Juliana Muñoz Toro, escritora y periodista bogotana, donde cuenta su propia experiencia con este trastorno alimentario. “Fueron muchos años pensando si seguir adelante con esta idea. Fue incómodo durante mucho tiempo porque esta es una enfermedad fea, en la que hay muchos prejuicios, en la que te tachan de desagradecido o superficial, pero solo quienes la padecen saben el horror que significa. Siento que ha sido muy bien recibida porque también toca esa vulnerabilidad, en diferentes aspectos de la vida, a la que todos alguna vez nos hemos visto enfrentados’, asegura Juliana.

Con la comida siempre se trata de algo más. Memorias, viajes en el tiempo, sentimientos y sensaciones que se creían olvidadas y todo lo que un plato puede llegar a producir. En esta novela, nosolo se trata de los antojos de su protagonista o del difícil reto que se autoimpone al sentir que, después de muchos años de batallar con una enfermedad que la devora, simplemente tocó fondo. Los últimos días del hambre hace sentir al lector repulsión por esta joven, pero también compasión y empatía. Porque el hambre es solo una metáfora para describir vacíos existenciales, angustias, depresiones, momentos de ansiedad profunda y muchas otras cosas que no están y pesan más que si estuvieran.

Los libros de juliana tratan de cicatrices, de relaciones que no resultan bien, de enfermedades, de esas cosas que crean grietas en las personas

Juliana empezó a escribirla en Estados Unidos, y como es costumbre en su ejercicio creativo, repasó sus páginas una y otra vez hasta sentir que debía soltarla. Como lo hizo con su enfermedad y como lo ha hecho con tantas otras historias hermosas que hoy los colombianos tienen la fortuna de leer.

Estudió periodismo en la Pontificia Universidad Javeriana. Eligió este oficio porque estaba convencida de que era la manera más fácil para satisfacer ese anhelo de contar: “Lo que siempre me ha impulsado a escribir es un amor profundo por las historias, y simplemente en ese momento las veía más cercanas desde el periodismo. Me parecía un poco platónico el sueño de ser escritora de ficción. Tenía muchos miedos de cómo uno vive de eso, si va a gustar. El periodismo resultó ser una profesión más práctica. Mis libros se basan en cosas que pasan en la realidad, no tanto en la fantasía”.

Desde muy pequeña sintió esa obsesión por narrar lo que escuchaba. Fue un deseo que nació en esas tardes de infancia con su mamá, en las que ella le compartía relatos de fantasmas y de apariciones que sucedían en su pueblo y que alimentaban su amor y conexión con la literatura. De su carrera, de su paso por medios tan importantes como Esquire y El Espectador quedaron, por supuesto, muchas lecciones y aprendizajes. Como ese incisivo recordatorio de que hay que cultivar la mirada, algo que le inculcó Alberto Salcedo Ramos, quien fue su profesor en la universidad.

“Ahora me esfuerzo por escribir cuentos que parezcan reales. Siento que la mirada se construye por una parte con la experiencia. Mi historia, lo que he leído, he visto, el entorno y mis lecturas, las cosas que me duelen y me gustan, eso hace parte de la mirada. Uno se va construyendo a partir del ejemplo de escritores que a uno le gustan. Las pequeñas historias son las que más me gustan, muy íntimas, desde ahí empiezo a contar con muchos detalles historias muy sencillas en las que puede que no pase una gran aventura, pero si uno se detiene y las cuenta de una manera profunda, valen la pena”, asegura la escritora.

El paso a la literatura se dio entonces de manera natural, como llegan las cosas en la vida que se sienten correctas. Juliana encontró en la ficción todas las posibles respuestas a situaciones que en la realidad no existen, o no se pueden hallar. “La ficción da la oportunidad de echar globos, de lanzar respuestas que son irreales, pero en las que encuentras refugio y consuelo”. Llegó en 2012 con un concurso de cuento del Instituto de Brasil en Colombia, en el que la bogotana resultó ganadora. Este premio resultó fundamental para su carrera como escritora, pues le dio la confianza y seguridad de que lo que escribía tocaba a muchas personas.

“La ficción da la oportunidad de echar globos, de lanzar respuestas que son irreales, pero en las que encuentras refugio y consuelo”

El siguiente paso fue la Maestría en Escritura creativa en español de la Universidad de Nueva York. Dos años pasó en esta ciudad, y entendió que si quería vivir de sus libros, debía leer y escribir más, diferente y con mucha más disciplina. Solo así superaría los miedos de que de la escritura y de que lo que a uno le gusta no se vive. En 2015, también empezó su historia con Benjamín, el niño de su primer libro, que desconfía de su padre y cree que fue poseído por un extraterrestre. 24 señales para descubrir un alien es una historia de literatura juvenil hecha también para adultos, pero planteada desde esa “imaginación, esa filosofía y esas preguntas que les surgen a los más pequeños y en los que finalmente encontré la historia de este libro que empezó como una especie de carta personal al padre de Kafka”, agrega Juliana.

En palabras de la escritora, este es un “libro objeto”, hecho para coleccionar, pensado en el más mínimo detalle y con ilustraciones de la talentosa Elizabeth Builes, quien acompañó en esta aventura a su autora. Luego de publicada, la obra fue seleccionada por la Biblioteca Juvenil Internacional (International Youth Library, IYL) de Múnich, Alemania, para formar parte del catálogo White Ravens 2017, “los libros que reciben esta mención tienen un gran recibimiento a nivel internacional porque contribuyen al entendimiento entre las diversas culturas, el hecho de que son de fácil acceso para los niños y los jóvenes y sobresalen por su diseño”, como lo manifiesta la editorial independiente de Medellín en su reseña online de esta publicación.

Su voz tan auténtica y cercana ha cautivado a miles de lectores que ya esperan con ansias  la siguiente obra de Juliana. Por ahora, ya está disponible Diario de dos lunas, su tercer libro, que curiosamente fue el primero que escribió hace cinco años, pero que entre versiones corregidas e intentos que no resultaron en concursos, finalmente se guardó en un computador. “Mi apuesta siempre fue hablar del matrimonio infantil, pero desde un lenguaje de imaginación, de humor, y eso fue muy difícil, sobre todo hacerlo verosímil en el contexto colombiano. Es algo que sigue pasando y me impresiona muchísimo, la primera versión la escribí tal vez en el 2014. La editorial Norma estuvo interesada en el libro, lo desempolvé y lo reescribí con mucha más certeza de donde quería ir, es la conversación de una niña presente con una niña del pasado a través de un diario, y le cuenta cómo está obligada a casarse con un hombre que no conoce. Estoy muy contenta porque por fin vio la luz”.

“La doctora no me dice cuánto tiempo de vida me queda (…)
Tus ataques son cada vez más frecuentes y extraños, escucho. No hemos encontrado una cura. Dudo que la encontremos.
Me como las uñas, me levanto los cueros por capas hasta llegar a la carne, lamo la sangre, sigo con la otra mano. Llegaría hasta el hueso. (…) Haré una plana hasta que complete cien veces el mandamiento No vomitaré”.

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