Personajes

Roberto Agudelo, una mente vanguardista

Este emprendedor y experto en marketing digital ha recorrido un largo y exitoso camino en los negocios. La determinación y la innovación han sido la clave de sus logros

Los emprendedores del siglo XXI han dejado de lado el saco y la corbata y se han atrevido a salir a la calle para descubrir las oportunidades que brinda el mercado y las verdaderas necesidades de las personas. Y, sobre todas las cosas, hoy son más conscientes de que su trabajo es determinante para el desarrollo integral de la sociedad, y conocen la importancia de que sus empresas generen trabajo, equidad e inclusión.

Roberto Agudelo es uno de ellos. Dueño de un particular sentido del humor y con un aire juvenil, descomplicado y curioso, se ha convertido en inspiración para una generación de jóvenes que sueñan con transformar la manera tradicional de hacer negocios.

Desde muy pequeño, Roberto demostró que esa era su pasión. Nació en las cercanías de la Sierra Nevada de Santa Marta, pero cuando tenía ocho años se trasladó a Bogotá con su familia. Fue ahí donde descubrió que con el jugo del almuerzo podía hacer paletas para luego venderlas por un peso a los niños del barrio. “Y no salía a jugar con mis amigos hasta que no hubiera vendido los helados, porque entendí que podía ser una pérdida. Fue la primera vez que entendí el concepto del dinero, de los negocios”, relata Roberto.

Ese negocio se trasladó al lugar de descanso de vacaciones de su familia en Fusagasugá. Allí, Agudelo descubrió que nadie aprovechaba los mangos que caían de los árboles. Así que decidió recogerlos, ponerlos en un balde y venderlos a las personas que descansaban alrededor de la piscina. “La gente me compraba como por lástima, y mi mamá se quería esconder y morirse de la vergüenza”, comenta entre risas.

“Todos los accidentes, los fracasos, las malas decisiones terminan convirtiéndose en aprendizaje. Entonces, cuento con una experiencia que ha producido resultados”

Más adelante, con 12 años, Roberto empezó a venderles a sus compañeros las monas de las chocolatinas Jet, y aunque nunca se interesó mucho en el estudio, no le faltaba disciplina. A los 16 montó un carrito de perros calientes, pero por primera vez entendió que la innovación era clave. En ese momento acababan de llegar a Colombia las salchichas de pollo, así que Roberto decidió hacer una receta de perros calientes con estas, y el éxito fue tal que el empresario pudo comprar su primer carro, un Renault 4 del 74.

Luego, entró a estudiar Marketing en la universidad, y se empezó a interesar especialmente por el mercadeo político. Tras graduarse, “monté una agencia llamada Camaleón, y me le acerqué a un paisa que era exgobernador de Antioquia y le dije ‘doctor Álvaro Uribe, yo quiero ser el director de comunicaciones de su campaña a la presidencia’ y me dijo ‘No, muchacho, usted está muy joven, yo ya tengo a alguien’”.

Sin embargo, el entonces candidato le dio la oportunidad a Roberto de hacer la campaña para las juventudes. Entre ese grupo de jóvenes que participaron en la campaña también estuvieron el hoy contralor Carlos Felipe Córdoba y el congresista Rodrigo Lara, entre otros. Sin embargo, cuando Uribe fue elegido presidente, Agudelo tenía claro que la política no le interesaba para ejercerla, y cuando el antioqueño le preguntó qué iba a hacer, Rodrigo le contestó: “’Yo me voy a dedicar a emprender, me voy a dedicar al ‘hippismo’, a vender manillas, y adivine con quién’”.

Se refería a Tomás y Jerónimo Uribe, los hijos del hoy congresista, con quienes montó Salvarte, una empresa con la que buscaban promover las artesanías colombianas. “Fue un emprendimiento muy lindo porque organizábamos a los artesanos, innovábamos sobre el producto y lo hacíamos de manera tecnificada, porque en ese momento no sabían estandarizar productos, no sabían empacarlos, y empezamos a venderlos acá. Se nos ocurrió hacer la manilla de Colombia y fue un éxito.”, relata Roberto.

Sin embargo, con el tiempo se dieron cuenta de lo difícil que era competir con los precios que se ofrecían en el exterior y no les fue posible crecer más. Entonces Roberto se empezó a interesar en un tema que para 2007 todavía era muy novedoso: el marketing digital. “En ese momento estaba gestándose la relación de una marca con las redes sociales por primera vez, porque salió Obama, sin un peso en ese momento, y cogió su marca Obama y la metió en redes sociales y empezó a aprovechar su poder. Los estrategas de esa campaña estaban dictando la primera maestría de comunicación digital en el mundo en la Universidad de Georgetown. Ahí supe que era allá donde debía estar”.

Roberto fundó y dirige Mubrick, una inmobiliaria que desafía lo convencional al ofrecer una atención profesional, rápida y tecnificada, gracias a que, entre otras cosas, sus agentes están capacitados en neuroventas

Roberto dejó sus negocios y se embarcó en una aventura de estudiante. Cuando terminó la maestría en Georgetown, él fue el encargado de dar el discurso de graduación, y ese día sus compañeros se enteraron del viacrucis que Roberto vivió para aprender a hablar inglés. Cuando llegó a Estados Unidos, no hablaba casi nada del idioma, así que decidió recurrir al método ‘Forrest Gump’, como él lo llama. Se paraba en las estaciones de bus y de metro y les preguntaba a las personas si tenían cinco minutos para hablar con él y así practicar. Se internó en las bibliotecas y se coló en las clases de las universidades para aprender el inglés académico y se volvió amigo de los habitantes de calle para entender el lenguaje cotidiano. En nueve meses ya dominaba el idioma y unos meses más tarde se convirtió en el primer latino en ganar el primer puesto del premio Hoyas Georgetown, en 2010.

Con ese nuevo conocimiento, el emprendedor regresó a Colombia, donde trabajó un tiempo como consultor de importantes empresas. Fue tras su regreso que, buscando un lugar para vivir, se dio cuenta de lo atrasado que estaba el sector inmobiliario. Observó, por ejemplo, que las personas tenían que llamar a los números de contacto de los letreros de ‘Se arrienda’ o ‘Se vende’, y que muchas veces la inmobiliaria no contestaba, y que cuando lo hace, en algunas ocasiones el agente no tiene la información adecuada sobre el inmueble. También le incomodó que las citas para visitar las casas o apartamentos se programaban según el tiempo de la inmobiliaria y no del cliente.

Fue así como surgió la idea de crear Mubrick, una empresa dedicada a los bienes raíces, inaugurada por Roberto en 2014. “Un día un medio de comunicación me entrevistó y dijo ‘Mubrick es el Uber del sector inmobiliario’. Y sí, conceptualmente, es eso, porque yo estaba hablando de tecnología e innovación en un sector tradicional”, anota Roberto.
Inicialmente, él se encargaba de todo, y poco a poco fue conformando un equipo con profesionales que por tener más de 40 años han sido rechazados del sector laboral. Para Roberto esto es especialmente importante, porque esto les garantiza a las personas una atención de primera y les da a los profesionales una segunda oportunidad de trabajo. “En conclusión”, dice Roberto, “todos esos accidentes, esos fracasos, esas malas decisiones terminan convirtiéndose en aprendizaje y en Mubrick. Llego con una experiencia que ha producido resultados. El más importante, generar empleo para la gente y tener una tasa de deserción cero”.

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