Personajes

Denis Mukwege y Nadia Murad, héroes de talla mundial

El médico congoleño y la activista iraquí recibirán el Premio Nobel de Paz de este año gracias a sus esfuerzos por acabar con la violencia sexual como arma de guerra en sus países. Estas son sus historias

Transformar la adversidad en oportunidades de cambio y usar su voz para crear conciencia en el mundo ha sido la labor que por varios años Denis Mukwege y Nadia Murad han realizado.
Aunque nunca han trabajado juntos, y poco sabían el uno del otro hasta que el Comité Noruego del Nobel anunció el galardón que compartirían, ambos conocen de primera mano un flagelo que buscan acabar: la violencia sexual.

Mukwege, nacido en la República Democrática del Congo, es médico ginecólogo y hace alrededor de 20 años fundó el hospital Panzi, en Bukavu, al este de su país, una zona especialmente golpeada por la violencia entre grupos armados que luchan por dominar los ricos yacimientos de oro de la zona.

Aunque la guerra del Congo terminó oficialmente en 2003, la violencia solo parece recrudecer con el paso del tiempo y, por desgracia, una de las armas de guerra más utilizadas por parte de los grupos criminales que operan allí es la violación a las mujeres de las comunidades. Es por eso que al país se le ha denominado ‘La capital mundial de las violaciones’, pues cada año se presentan por lo menos 400.000 casos de abuso sexual, que incluyen mutilaciones genitales y otras prácticas criminales.

Ante esta cruel realidad, el doctor Mukwege decidió que su centro médico se dedicaría a atender específicamente a mujeres víctimas de estos flagelos, salvando muchas veces sus vidas y reconstruyendo sus aparatos reproductivos luego de los ataques a través de intervenciones quirúrgicas.

Pero su trabajo no se limita únicamente a la necesaria atención médica de estas mujeres, sino a la denuncia internacional de la realidad que vive el país africano. Por esto, el ‘Doctor milagro’, como muchos lo llaman, ha sido víctima de numerosos atentados que no lo han amedrentado.

Nadia Murad, por otro lado, es una joven iraquí de tan solo 25 años, y que a pesar de su corta edad, ya ha sufrido vejaciones que ningún ser humano debería. Ella nació en una familia yazidí, una minoría religiosa en Irak, y tuvo una vida tranquila hasta que en agosto de 2014 entraron a su aldea hombres armados del Estado Islámico, quienes masacraron a alrededor de 3.000 personas del pueblo, alegando que eran infieles por practicar una religión diferente a la musulmana. La madre de Nadia y seis de sus hermanos murieron ese día.  Ella y cientos de mujeres jóvenes más fueron secuestradas y convertidas en botín de guerra, lo que significaba que sus captores las violaban repetidamente todos los días.

La primera vez que Nadia intentó escapar fue atrapada por un guardia y sometida a lo que el Estado Islámico llama un ‘yihad sexual’. Fue encerrada en un recinto y violada en masa por horas.
A pesar de esto, Nadia logró escapar al poco tiempo y decidió romper el silencio. Al llegar a Europa, comenzó a trabajar con grupos humanitarios y a contar su desgarrador testimonio con el fin de que la comunidad internacional conociera la realidad que vive la comunidad yazidí en Irak y las vejaciones a las que son sometidas las mujeres en medio de esta guerra religiosa en oriente próximo.

Su dolor sigue latente. En total, 18 miembros de su familia han sido asesinados o desaparecidos por el Estado Islámico, pero aún así, ella continúa viajando por el mundo invitando a los gobiernos  a que intervengan y ayuden a otras mujeres como ella para que nunca más se repita su historia.

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