Personajes

Ernesto Lucena, un hombre de familia, deporte y servicio

El director de Coldeportes nos abrió las puertas de su hogar, donde conocimos a su esposa y sus dos hijas e indagamos acerca de su historia personal, su propia experiencia como deportista de alto rendimiento y sus objetivos en el cargo

“Hay mucho por hacer”, dice Ernesto Lucena con una sonrisa al hablar sobre el reto que enfrenta en su carrera como nuevo director de Coldeportes. Él está convencido de que el deporte construye humanistas integrales, y su propia experiencia le ha demostrado que el deporte es, además, una herramienta que ayuda a las personas a sobreponerse a los obstáculos más difíciles de la vida.
“Mis papás se separaron cuando yo tenía cuatro años”, relata Lucena. “En ese momento decidí irme con mi papá, y él y mi entorno familiar siempre me inculcaron mucho el deporte. Jugaba fútbol en la Universidad Nacional y microfútbol en La Soledad, el barrio donde pasé gran parte de mi infancia”, agrega.

También admite que en el estudio no era el más disciplinado, pero que tuvo la fortuna de que en su colegio, el Nueva Granada, de Bogotá, siempre lo estimularon para que se enfocara en el deporte. Ernesto fue capitán del equipo de baloncesto, del de fútbol e incluso llegó a jugar tenis de mesa.

Mirando hacia atrás, Ernesto asegura que esto fue clave, pues es consciente de que cuando adolescente tuvo siempre el riesgo de tomar un camino equivocado, pero fue la disciplina y la pasión por el deporte los que lo salvaron de alejarse de su misión de vida. Es por eso que desde su cargo en Coldeportes quiere que otros jóvenes puedan acceder a oportunidades que los motiven a crecer como seres humanos, así como él lo hizo también.

Una vez se graduó del colegio, entró a estudiar Derecho en la Universidad Sergio Arboleda, y alternaba sus estudios con su otro gran amor: el squash. “Mi hermana Ximena ha sido muy importante en mi vida. Fue la primera mujer que corrió carros en Colombia y a la vez jugaba squash. Un día, en el año 90, me dijo que empezara a jugar, y al año siguiente fui campeón infantil de squash”, cuenta Ernesto.

Desde entonces no paró. Cuenta que Ángel Rodríguez, el papá del hoy campeón colombiano de squash Miguel Ángel Rodríguez, lo motivó para que entrenara con su hijo en el club El Nogal. Ambos llegaron a ser profesionales al mismo tiempo, y en 2004 se convirtieron en campeones nacionales.

Luego, con la excusa de hacer una maestría en Derecho en el New York Law School, Lucena viajó a Estados Unidos, y paralelamente a sus estudios jugaba el tour profesional de squash en la zona de Nueva York.

Ernesto y Alejandra llevan 10 años de casados y tienen dos niñas: Violeta, de siete años y Emma, de tres. Aunque Alejandra no practica deportes, siempre ha apoyado a su esposo en sus disciplinas

Más adelante, en 2005, conoció a su esposa, Alejandra Gómez, con quien lleva casado 10 años. Ella es diseñadora industrial de la Universidad de los Andes y es la subdirectora de emprendimiento femenino de la Universidad Sergio Arboleda. Aunque ella no es una deportista consumada, siempre ha apoyado incondicionalmente la pasión de su esposo.  “Nos enamoramos rápidamente”, cuenta Ernesto. “Nos conocimos por unos amigos en común en una comida y en 2008 nos casamos”. Hoy, tienen dos hermosas hijas: Violeta, de siete años, y Emma, de tres.

Debido a una lesión de rodilla, Ernesto se alejó del squash y se dedicó a jugar fútbol con sus amigos, y desde hace dos años practica ciclismo de ruta, una actividad que lo hace muy feliz. Paralelamente ha venido desarrollando una carrera muy exitosa en la academia. Hizo una maestría en administración de empresas, y a raíz de eso comenzó a interesarse mucho por los ‘soft skills’ del management, que se refiere a la parte humana, de liderazgo e inteligencia emocional, y tiene un curso de la Universidad de Wharton, Estados Unidos, sobre estrategias de liderazgo y neurociencia. “Llevo varios años entendiendo cómo el deporte, la neurociencia y el liderazgo te permiten tener una visión más humana y mucho más estratégica para sacar proyectos adelante, siempre teniendo en cuenta tres valores que para mí son fundamentales: el autoconocimiento, la empatía y la resiliencia, porque creo que esos son los factores de cambio en cualquier sociedad”.

Desde su graduación del pregrado estuvo vinculado a la Universidad Sergio Arboleda, y ejerció como decano de la Facultad de Derecho y hace un año, cuando se creó la decanatura de innovación y desarrollo en la universidad, dejó la Facultad para liderar esa área.

Allí estuvo hasta que el presidente Iván Duque, quien fue su compañero en la universidad, lo propuso para dirigir Coldeportes. Ambos comparten una historia particular: “La Sergio Arboleda era una universidad pequeña en ese entonces, y nosotros nos conocíamos, hablábamos mucho de fútbol. Él es hincha del América, yo soy hincha del Nacional, pero siempre hemos tenido esa pasión en común. Después, cuando él llega de Estados Unidos y yo era decano de Derecho, lo nombro docente de la cátedra que dictaba Álvaro Gómez, que es la cátedra de cultura colombiana. Ya cuando era senador nos reuníamos mucho para hablar sobre temas de inteligencia emocional, de transformación del ser, del cerebro, etc.”, relata Ernesto.

Convertirse en parte del gobierno de Duque representó para Lucena un reto muy grande, pero extremadamente gratificante, ya que “para mí, el deporte es hoy el único factor, junto con el artístico, que nos da una visibilidad internacional. Los deportistas colombianos han hecho mucho con muy poco. Son referentes internacionales, son disciplina, son el contenido de la nación. Eso es lo que hemos visto con el presidente, y hoy, poder llevar a Coldeportes a que sea Ministerio, es un desafío muy grande. No es un reto de partidos, es de país”.

El director explica que casi el 80% de los países tienen un Ministerio del deporte y en el ranking olímpico, en el que Colombia ocupa el lugar número 23, el 90% de los primeros 25 países tienen ese Ministerio, y eso demuestra la importancia de hacer ese cambio.

Por supuesto, lograrlo implica mucho trabajo, y Ernesto admite que el sacrificio que más le ha costado hacer es el de compartir menos tiempo en familia. “Tenemos menos papá y menos esposo. Desde el principio nos preparamos, porque sabíamos que era un reto muy grande y que Ernesto iba a estar muy ocupado, pero la verdad es que él ha estado tan feliz que eso armoniza el resto de la familia”, asegura Alejandra.

Así, con el apoyo de su familia, la certeza de que el deporte transforma y con el apoyo de los deportistas colombianos, Ernesto continuará con su misión de hacer que cada vez más personas se acerquen a una práctica que los ayude a desarrollar sus capacidades, les proporcione equidad y un futuro mejor.

“Los deportistas colombianos han hecho mucho con muy poco. Son referentes internacionales, son disciplina, son el contenido de la nación”

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