Cultura

Ricardo Silva Romero, “Un escritor ve señales de intimidad en todas las situaciones de la vida”

CARAS conoció los detalles detrás de Cómo perderlo todo, la más reciente novela del reconocido escritor y columnista bogotano, quien reveló también algunas de las historias en las que trabaja en este momento

Un profesor de filosofía desprestigiado luego de haber publicado un post en Facebook, una estudiante tatuada que anda en patines, un coronel retirado que se siente atraído por otros hombres, un taxista que se debate entre su esposa y su amante, un exministro atrapado en el pasado.  Todos ellos, entre muchos otros, hacen parte del enorme repertorio de personajes que el escritor Ricardo Silva Romero explora en su novela Cómo perderlo todo, una trama narrada en relevos de personas conectadas por las redes sociales, los planetas, la política, el amor y las coincidencias cotidianas. Sus historias, que giran en torno a la pareja y sus infinitas posibilidades, se desarrollan en el caótico 2016, un año que transformó el contexto político y social del mundo.

A través de este libro, Silva Romero, con su particular humor y su magistral forma de narrar la intimidad, conduce al lector por un circo de humanidades, errores, sufrimientos, romances, pasiones y miedos, que explica un poco más en detalle en la siguiente conversación con CARAS.

“Ser colombiano me parece un hecho de la vida, una especie de accidente al que uno tiene que responder con altura”

CARAS: ¿De dónde surge la idea para hacer esta novela?
Ricardo Silva Romero: Hay varias etapas. Hay una primera que tiene que ver con el primer libro que publiqué hace 20 años, que se llama Sobre la tela de una araña, y es un libro de cuentos que tiene la siguiente forma: un primer cuento que es un discurso de un profesor que anuncia que se va a suicidar y después unos cuentos más que tienen relación con ese discurso. Desde entonces había una intención de hacer una novela de relevos que en ese momento abandoné. Luego, mientras estaba escribiendo Historia oficial del amor, que es sobre mi familia, hablé con Carolina, mi esposa, sobre qué podía escribir luego, y a ella siempre le había parecido interesante que escribiera historias de parejas. Más adelante, cuando ya leyó ese libro y llegó a un capítulo que es sobre mi abuela, le pareció que ahí había un tono particular que podía servir para ese futuro libro sobre las parejas, que es Cómo perderlo todo. Desde ahí empecé a darle muchas y me di cuenta de que tenía varias historias de parejas que había recopilado. Historias verdaderas y otras que se me habían ocurrido.

CARAS: ¿Verdaderas?
R.S.R.: Hay varias. No con los nombres reales, pero incluso las historias más descabelladas que se incluye en el libro son reales. Cosas absurdas como un personaje al que le dan escopolamina y solo dice la verdad durante casi dos días, eso lo escuché y lo convertí en una historia con personajes diferentes. O hay otra de una esposa que perseguía a su esposo con el GPS. Tenía todas esas historias y me di cuenta de que no tenía un libro de cuentos sino una novela, porque me interesaba hablar de la vida de las parejas en general, pero también porque pronto concluí que a estas parejas lo que las unía era el año 2016. Están sufriendo todo lo que pasó en ese año y aparte están en la tensión de sus parejas. Y empecé a ver todas las cosas que les van a pasando a todos en común, esto significa que todos en algún momento se cruzan, se encuentran, lo que le pasa a uno afecta a los demás.
 
CARAS: ¿Por qué 2016?
R.S.R.: Lo que pasó ese año fue muy fuerte y, en términos sociales y políticos, todavía estamos viviéndolo: subió Trump, el país se dividió por el plebiscito, el Reino Unido se separó de Europa… En fin, una cantidad de cosas muy graves a nivel histórico. En general, en el país las noticias fueron oscuras. Ese año terminó con el crimen de Yuliana Samboní, por ejemplo. Hubo muchas señales de que hay que trabajar para que el mundo no se desboque, porque si uno lo deja como va, puede salir muy mal. Creo que estamos todavía varados en el año 2016, y por eso me parecía que era importante documentar lo que había pasado en esos 12 meses.

CARAS: En la novela usted también recurre a las alineaciones de los planetas y a los signos del zodiaco de cada personaje…
R.S.R.: A mí me sorprende cuando a alguien le parece raro eso. Mi papá, que murió en el 2016 –otra razón por la que me molesta ese año– era físico, pero leía el tarot y era un buenísimo lector del tarot, de una precisión y una sabiduría especial que le aparecía cuando estaba leyéndolo. Y yo, a pesar de haber estudiado literatura y de alguna manera tener que ver con círculos de gente que desprecia los temas esotéricos, nunca he tenido ningún problema con eso, me gusta mucho, desde la brujería, como un tema de la historia, hasta la astrología. Siempre me ha parecido lógico pensar que lo invisible afecta lo visible. Y es que, además, hasta la persona más cínica que uno conoce se sabe su signo. Es muy curioso cómo eso también nos une y yo creo que es por el anhelo de que en alguna parte esté dicho lo que nos va a pasar.

CARAS: ¿Durante la escritura de la novela le pareció complicado en algún momento saltar de un personaje a otro de una forma tan rápida?
 R.S.R.: En efecto, escribir esta novela implicó hacer como el trabajo de un actor, en la medida en que hay que irse transformando de uno en uno, porque la novela tiene un narrador general que de alguna manera se va convirtiendo en los personajes. Es decir, cuando un personaje toma el relevo por momentos se escucha su voz, lo que está pensando, tiene su propia manera de expresarse, su propio mundo, y estos mundos son muy diferentes. Es el trabajo de un actor absolutamente cobarde porque no le toca dar la cara en televisión ni en teatro, pero sí tuve la labor de volverme otra persona a fondo. Esa era la intención, asumir otras personalidades, otras formas de ser y otros mundos, y había que meterse en cada uno con mucho desprendimiento de uno mismo.

Aunque en sus columnas el escritor defiende las causas liberales, en su última novela se pone en los zapatos de personas que no están de acuerdo con el proceso de paz, por ejemplo

CARAS: Cuando usted habla de cada persona, impresiona la capacidad de narrar tantos detalles personales. ¿Cómo lo logra? ¿Es puro trabajo de observación?
R.S.R.: Yo creería que sí. Todo el mundo tiene su deformación profesional. Yo me imagino que los odontólogos van a una comida y empiezan a ver dientes torcidos o los médicos se encuentran a un amigo y lo ven pálido, o a los abogados uno les cuenta una historia y le dicen a uno ‘mejor déjelo por escrito’. La de un escritor es ver gestos y frases sueltas y señales de la intimidad en todas las situaciones de la vida. Creo que eso se nota porque está especialmente utilizado en esta novela. De nuevo, es una mezcla, como sucede con un actor, hay una apariencia y unas características que tiene el personaje, pero también están cargadas de cosas de uno. Y yo creo que uno como escritor hace lo mismo. Tiene unos personajes que son muy diferentes entre sí, pero a la hora de que el personaje sufra o recuerde algo triste o tenga alguna angustia o insomnio, uno está recurriendo a su propio insomnio para que eso parezca verdad.

CARAS: Usted está lanzando un libro cada año o año y medio. ¿Cómo hace?
R.S.R.: Lo que pasa es que yo no hago mucho más. Es decir, yo escribo un par de columnas, una en El Tiempo que sale los viernes y una en El País de España que sale los miércoles, y a cada uno de esos dos trabajos les tengo dedicado un día, y me quedan cinco días más. Yo saco a mi hijo mayor a las 5:30 de la mañana al bus, a la más chiquita la llevamos al jardín a las 8 u 8:30, y mientras no están yo estoy trabajando en esta oficina. Y siempre tengo un libro que estoy escribiendo. Hubo una época, hace 10 o 15 años, en la que yo pensaba ‘bueno, acabé un libro, voy a descansar hasta que pueda digerir lo que pasó’, porque un libro es un trabajo muy duro, y yo tendía a quedarme haciendo un duelo largo. Y eso se me ha pasado. Ahora lo que hago es estar escribiendo todo el tiempo, entonces puede pasar que tenga acumulados libros, incluso.

CARAS: ¿En qué está trabajando ahora?
R.S.R.: Tengo dos historias plasmadas en un borrador. Una es una reacción muy clara a la muerte de mi papá. Está basada en la historia que me contó un señor que me llevaba a ciertos viajes a presentar libros en otros lugares, y un día me contó la historia de su vida. Me contó que había votado no a los acuerdos de paz, que a él le daba como pena conmigo, pero que era porque a él le habían matado al papá y la mamá había perdido la cabeza y había decidido hacer lo que sea para que los mataran a todos, y me dijo que por favor contara esa historia sin usar su nombre.

CARAS: ¿Y la otra?
R.S.R.: La otra historia es una que tenía muchas ganas de contar hace mucho tiempo y lo aplazaba. Es una historia en el Tour de Francia del año 84. Yo tengo una novela que se llama Autogol, que es sobre el asesinato de Andrés Escobar. De pronto, la única vez que a mí me ha producido algo de vergüenza ser colombiano fue el día que lo mataron. A mí, en general no me produce orgullo ni vergüenza ser colombiano, me parece un hecho de la vida, como ser venezolano o noruego, es una especie de accidente al que uno tiene que responder con altura. Creo que esa era una angustia que tenía y eso terminó resolviéndose escribiendo esa novela. Pero también tenía un orgullo de ser colombiano, que solo lo he sentido esa vez, la primera etapa que un colombiano ganó en el Tour de Francia, que la ganó Lucho Herrera, la única persona en el mundo de la que yo tengo un autógrafo.

Loading Facebook Comments ...

Deja un comentario

error:
WP-Backgrounds Lite by InoPlugs Web Design and Juwelier Schönmann 1010 Wien