Realeza

Príncipe William y Kate Middleton, 15 años de amor real

Desde el comienzo de su inspiradora relación, en 2003, el mundo entero ha seguido con atención su historia de amor. Hoy, los duques de Cambridge, felizmente casados
y con tres hermosos hijos, son un ejemplo a seguir

Como una romántica visión vestida de blanco apareció Kate Middleton en la mañana del 29 de abril de 2011 frente a la abadía de Westminster, en Londres. El vestido de seda y encaje firmado por Alexander McQueen y la tiara Cartier que la reina Isabel II le prestó para sostener su majestuoso velo, deslumbraron a los más de 36 millones de británicos que vieron la transmisión de la boda del hijo mayor del príncipe Carlos y la fallecida Lady Di, el príncipe William, con su bellísima novia.

Luego, las voces de más de un millón de personas que se reunieron para hacerle calle de honor a la pareja de recién casados se levantaron cuando, luego de una solemne ceremonia, los nuevos duques de Cambridge sellaron su unión con un beso, cuya imagen recorrió el mundo y protagonizó todas las portadas.
Ese momento inmortalizó una historia de amor que, a pesar de haberse gestado en la realeza, es tan humana y cercana como la de cualquiera. Luego de años de altibajos, el romance de William y

Kate tuvo un desenlace de ensueño, que se ha prolongado a través del tiempo y se ha fortalecido con el nacimiento de sus tres hijos y de cientos de proyectos conjuntos, cuyo propósito es hacer del mundo un lugar mejor.

CARAS celebra el amor de esta pareja, que, al igual que la revista, también está cumpliendo 15 años de construcción, aprendizaje y momentos inolvidables.

Viaje en el tiempo

En 2001, los caminos del príncipe William y la joven Kate Middleton, cuyo nombre real es Catherine Elizabeth, se cruzaron por casualidad. Ese año, ambos entraron a estudiar a la Universidad de St. Andrews, en Fife, Escocia. Allí, William adelantaba estudios en Geografía y Kate en Historia del arte.

Poco tenían en común los dos. El príncipe, nacido en la familia real más famosa del mundo, había tenido que enfrentarse a la muerte prematura de su madre y al acoso incesante de la prensa durante toda su vida. Kate, por su parte, hija de Michael y Carole Middleton, exempleados de la aerolínea British Airways y luego convertidos en millonarios gracias a la creación de su empresa de artículos de fiesta, era una adolescente común y corriente, que en ese momento salía con otro estudiante de St. Andrews, llamado Rupert Finch.

William y Kate se convirtieron en buenos amigos en ese momento, pues tenían algunas clases en común y sus dormitorios se encontraban en el mismo pasillo de la institución. Sin embargo, fue con el tiempo que empezó a surgir algo más entre los dos.

En 2002, un año después de conocerse, Kate desfiló en un fashion show de caridad organizado en la universidad, y William pagó el equivalente a unos 360 dólares por sentarse en primera fila. Esa fue la primera vez que se les relacionó. Pero la verdad es que no fue sino hasta 2003, cuando ella ya había terminado su relación con su exnovio, que se les involucró sentimentalmente. Para ese momento, a ella y a otros amigos cercanos, les habían propuesto compartir apartamento con el príncipe, lo que los hizo acercarse aún más.

Al principio, mantuvieron su romance en total secreto, pues William temía que la prensa se enterara y los empezara a perseguir, como ocurría con otros miembros de la familia real, y por eso evitaron contárselo, incluso, a sus amigos más cercanos.

El secreto se mantuvo oculto hasta principios del 2004, cuando fotógrafos captaron a la pareja de vacaciones en la comuna suiza de Klosters, una exclusiva estación de invierno donde los miembros de la corona británica suelen ir a esquiar. El romance era innegable, pero William se rehusaba a someterse al acoso de la prensa. Por eso, más adelante ese año, Kate no asistió a la boda entre el príncipe Carlos, padre de William, y Camila Parker. En el evento, los periodistas aprovecharon para preguntarle a William si habría otra boda real pronto, y él respondió tajantemente que no, como un intento de disipar los rumores.

El año siguiente, Kate y William se graduaron de la universidad, y con un poco más de madurez e independencia en sus manos, la relación comenzó a oficializarse poco a poco. Por ejemplo, en 2006, Kate asistió junto a William a la boda de la hija de Camila Parker, Laura Parker Bowles, y Harry Lopes.

Unos meses más tarde, Kate también estuvo presente en la graduación de William de la Real Academia Militar Sandhurst, ceremonia a la que también asistió su abuela. Eso indicó que la reina Isabel II aprobaba la relación y que compartía tiempo con la novia de su nieto, y por eso explotaron los rumores de un posible compromiso.

Para ese entonces, Kate comenzó a trabajar como asistente de compras de accesorios en la cadena de moda británica Jigsaw, un empleo aprobado por la corona. Sin embargo, para Kate fueron meses muy difíciles, ya que era perseguida sin parar por los paparazzi, quienes esperaban verla usando un anillo de compromiso en cualquier momento.

Fue por esa razón que la opinión pública recibió como un baldado de agua fría la noticia de que William y Kate habían terminado su relación inexplicablemente en abril de 2007. Según se rumoraba, la familia real estaba presionando a William para que tomara una pronta decisión: comprometerse con Kate o terminar definitivamente.

Al parecer, William optó por la segunda opción, y rompió con Kate por teléfono. A pesar de todo, los fotógrafos no dejaban de seguirla, y la persiguieron constantemente durante sus escapadas nocturnas a las diferentes discotecas de Londres que frecuentó con su hermana menor, Pippa, durante los meses que siguieron a la separación del príncipe.

Según declaraciones posteriores de la pareja, llegaron a esa conclusión, pues eran muy jóvenes, y necesitaban tiempo para evaluar lo que querían y decidir si estaban listos para emprender una vida juntos.

Amor de verdad
Meses después de la ruptura, se conoció la noticia de la reconciliación entre William y Kate, que celebraron con una romántica escapada a las Islas de Seychelles, donde el príncipe tiene una lujosa propiedad, llamada Clarence House. Luego, la pareja pasó unos días en Balmoral, la residencia de la familia real en Escocia, junto a la reina Isabel II y al príncipe Felipe.

William le pidió matrimonio a Kate con el anillo de compromiso que su padre le dio a la princesa Diana

Desde entonces, la pareja comenzó a asistir a más compromisos juntos, dando muestras de la solidez de su relación. Kate estuvo presente en la culminación del curso de William como piloto de la Real Fuerza Aérea Británica y en la ceremonia en la que fue nombrado Real Caballero de la Jarretera.

Dar el siguiente paso era inminente, y en octubre de 2010, William llevó a Kate a un viaje por Kenia junto a algunos amigos. Allí, la sacó un momento aparte y le pidió que se casara con él, entregándole el anillo de compromiso que había pertenecido a su madre, la princesa Diana.

El enorme zafiro, rodeado por 14 diamantes redondos, oficializó el pacto entre los dos, y el 16 de noviembre de ese año, la pareja lo dio a conocer al mundo entero a través de su primera entrevista juntos. En esta, tocaron diversos temas, como su vida de compañeros y ‘roommates’ en la universidad, las habilidades culinarias de William y la importancia de Lady D en su relación. “Darle este anillo a Kate es mi manera de tener a mi madre cerca”, dijo el príncipe en esa ocasión.

La genuina felicidad y enamoramiento que demostraban los dos contagiaron a todos los seguidores de la corona, y por eso su boda en abril de 2011 fue una de las más esperadas del siglo.

Una familia feliz

No es un secreto que la vida familiar del príncipe William ha sido compleja. La separación de sus padres, que se llevó toda la atención de los medios, la controvertida infidelidad de su padre a Diana con su actual esposa, Camila, y la posterior muerte de su madre, generaron en él profundas heridas que no han sido fáciles de sanar.

Sin duda, Kate ha jugado un papel crucial en este proceso, pues ella, en contraste, ha tenido una vida familiar muy estable y, a pesar de ahora ser parte de la familia real, continúa manteniendo un vínculo especialmente estrecho con sus padres y hermanos.

William también ha encontrado en sus suegros y en sus cuñados un lugar cálido y afectuoso, y eso lo ha motivado a construir al lado de Kate una familia igualmente unida y amorosa.
Su sueño se empezó a cumplir en el año 2012, cuando Kate quedó embarazada de su primer hijo. En diciembre de ese año, el palacio de Kensington anunció la feliz noticia, y el 22 de julio de 2013 nació el príncipe George, tercero en la línea de sucesión a la corona británica, después de su abuelo, el príncipe Carlos, y de su padre.

Como unos papás consagrados se mostraron William y Kate al llevar al pequeño George en su primera visita internacional a Australia y Nueva Zelanda poco tiempo después de nacido.
Luego, el 14 de agosto de 2014, el mundo se enteró de que Kate estaba esperando su segundo bebé. La princesa Charlotte nació el 2 de mayo de 2015 para conformar una bellísima familia de cuatro.

Las postales de la pareja jugando con sus hijos y cumpliendo compromisos oficiales al lado de ellos le dieron la vuelta al mundo. Por eso, en septiembre de 2017 fue recibida con gran alegría la noticia de que los duques de Cambridge estaban esperando su tercer hijo, y el 23 de abril de este año, llegó el príncipe Louis.

Los tres niños han llegado a un hogar donde cuentan con todo el amor de sus padres, quienes, a diferencia de generaciones anteriores, se ven completamente involucrados en la crianza de sus hijos.
Eso no quiere decir que sean una familia perfecta. Tanto William como Kate han sido abiertos al hablar de las dificultades de la paternidad, de las noches en vela y las preocupaciones propias de esta tarea. Pero están decididos a apoyar a sus niños, que son la nueva generación de la realeza, para que sean seres humanos íntegros y felices, que, al igual que ellos, puedan escoger el amor por encima de los títulos nobiliarios.

Después de los escándalos que protagonizó la familia real británica durante los años 90, hoy el clan británico disfruta de gran armonía. Este año, con el matrimonio y el embarazo del príncipe Harry y Meghan Markle, se terminó de consolidar la familia real más querida del mundo

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