Personajes

Juan Esteban Sampedro y Catalina Gómez, la historia de un amor

La pareja posó para CARAS junto a sus hijos, Cristóbal y Emilia, y contaron anécdotas sobre su relación, que cumple ya más de una década, y sobre la familia que han construido, basados en la unión y la complicidad

Llega la Navidad y con ella el ambiente se va llenando de luces multicolores, villancicos, regalos, tarjetas y excusas para comer los manjares típicos de la época. Sin embargo, también es un momento para hacer un alto en el camino y para agradecer por el verdadero sentido de celebrar esta fecha: la familia.

Si bien no hay ningún hogar perfecto y ninguna historia está exenta de altibajos, el amor es capaz de trascender las dificultades y de hacer que esos lazos permanezcan intactos
por siempre.

Con la idea de aprovechar esta bella época para hacer un homenaje a la familia, CARAS invitó a Catalina Gómez, presentadora del programa Día a Día, y a su esposo, el gerente de entretenimiento de Caracol Televisión, Juan Esteban Sampedro, junto a sus hijos, Emilia y Cristóbal, para relatar la historia de su bella familia.

Entre sonrisas, Catalina y Juan Esteban recordaron que su relación nació hace más de una década. La pareja se conoció cuando Catalina entrevistó a Juan Esteban en el programa Muy masculino, de Teleantioquia. Sin embargo, el romance comenzó muchos años después, cuando se reencontraron en Caracol Televisión, donde Catalina empezó su carrera en Día a Día. Para ese entonces, Juan Esteban estaba haciendo un programa llamado Tengo una ilusión, y ahí empezaron a hablar.

Catalina ama la Navidad, y asegura que sigue las tradiciones de la época para reunirse con amigos y familiares y disfrutar de las fiestas

“Yo sí me enamoré, ella no”, confiesa Juan Esteban. “A mí ella me llamaba la atención y yo le decía que saliéramos, pero no me paraba muchas bolas, entonces me tocó pedalear mucho”, agrega.

Con el tiempo, y debido a la soledad que Catalina sentía aquí en Bogotá por estar lejos de su familia y amigos que se quedaron en Medellín, terminó accediendo a salir con su hoy esposo, y desde entonces han sido inseparables.

Antes de casarse, se fueron a vivir juntos, pues, como dice Catalina, “la vida nos fue poniendo todo en el camino, no lo teníamos planeado. Yo tenía un apartamentico acá en Bogotá, alquilado, y Juan a veces se quedaba, hasta que una vez me dijo: esto va como bien, por qué no buscamos una vivienda que esté en planos para comprar, y si todo sigue bien, tendremos nuestro sitio propio en un año larguito”.

Sin esperarlo, el negocio se concretó mucho tiempo antes, pues el apartamento que encontraron ya estaba listo. “Era de un muchacho que lo había comprado en planos a su vez. Se lo entregaron y a la semana le salió una posibilidad de irse a trabajar al exterior, era una muy buena propuesta, y yo le hice una oferta descarada y me dijo que sí. Yo llamé a Cata y le dije ‘vea, esto al menos como negocio, es un negociazo, pero entonces nos va a tocar irnos a vivir juntos antes’”.

“Cuando Emilia nació, se acababa de morir la mamá de Catalina, entonces llegó en un buen momento para la familia”

Así lo hicieron, y la convivencia les confirmó que eran el uno para el otro, “pero entonces empezó mi papá a decirle a Juan, ‘vea, yo lo quiero mucho, pero hágame el favor y se casa con la niña, formalicen eso, háganme el favor’, y ante ese deseo de mi papá, nos casamos como dos años después”, recuerda Catalina.

A pesar de lo creyentes que son, la boda no podía ser católica, pues ambos ya habían estado casados por la iglesia, y de su matrimonio anterior Juan Esteban tiene un hijo, Lucas, quien ya tiene 19 años. Por lo tanto, comenzaron a organizar una boda civil en Cartagena para el 21 de junio, día del solsticio de verano, como Catalina lo soñaba. “Cuando se iba acercando la fecha, me llama la notaria que iba a oficiar la ceremonia y me dice que faltaba un documento, porque yo, al haber estado casado y al tener un hijo de otro matrimonio, tenía que adjuntar otro papel que no tenía. Entonces me dice ‘pues le tengo una muy mala noticia, no se van a poder casar, porque ese documento, mínimo, se demora seis meses en expedirse’”, cuenta Juan Esteban.

Cuando ya ambos estaban resignados a posponer el matrimonio, faltando una semana para el 21 de junio, a Juan Esteban se le ocurrió que podían irse a Las Vegas para no esperar más, y así fue. Hicieron los preparativos previamente y viajaron los dos solos a Estados Unidos. “Llegamos finalmente a la ceremonia y nos dice el ministro ‘¿y los testigos?’. ¡Nadie nos dijo que teníamos que tener testigos! Pero el paquete del matrimonio incluía a un imitador de Elvis y a un fotógrafo, ellos fueron nuestros testigos”, confiesa Catalina.

Familia en construcción

Un año después del enlace, llegó su primera hija, Emilia, quien les cambió la vida por completo: “Es que yo creo que mi sueño desde que tengo uso de razón había sido ser mamá, entonces ese anhelo siempre lo tuve dentro de mis planes. Me acuerdo de que a Emilia la empezamos a buscar como desde marzo de ese año, ‘dijimos listo, arriesguémonos, tengamos un bebé’, y yo quedé embarazada como en octubre o en noviembre, y llegó Emilia a hacernos muy felices”.

Su nacimiento coincidió en un momento muy difícil en la vida de su mamá, así lo explica Juan Esteban. “Cuando Emilia nació, se acababa de morir la mamá de Catalina, que tuvo una enfermedad muy sufrida por toda la familia. Era una matrona paisa, donde todo confluía alrededor de ella. Se muere y, obviamente, deja un vacío gigante, y llega Emilia, que, cuando era chiquita, tenía ciertas características muy parecidas a la abuela, porque la mamá de Cata era muy espontánea, muy loca, muy extrovertida, y Emilia, siendo más chiquita, tenía ciertas cosas parecidas a ella. Entonces llegó en un buen momento para la familia de Catalina, como a suplir ese vacío en parte”.

“Mi mamá me decía todo el tiempo ‘ay, yo quiero que tengas un hijito, ay qué rico, tenelo rápido y yo te lo cuido’. Me acuerdo que eso fue como en septiembre y a los dos meses yo quedé en embarazo, y la enfermedad de mi mamá se complicó casi desde que supimos que yo estaba embarazada. En diciembre, ella empezó como una velita, a apagarse. Ella murió en mayo y Emilia nació en julio. Fue duro, porque es un contraste muy fuerte: soy mamá y pierdo a mi mamá al mismo tiempo. Es un vacío muy grande”, agrega la presentadora.

A pesar de ese duro momento, la felicidad que trajo Emilia ha sido incalculable. Hoy, con nueve años, sus papás la describen como una niña juiciosa, responsable, una excelente estudiante, amiga y miembro de familia. Aseguran que tiene una enorme conciencia por el medioambiente, ama los animales, y es una hermana muy especial con Cristóbal, que tiene dos años. “Yo me derrito por ella, es la niña de mis ojos”, admite la orgullosa mamá. “Cuando quedé esperando, yo quería una niña, y de verdad que me la he gozado cada instante. Yo creo que uno como mamá siempre ve a los hijos con los ojos del amor y del corazón, a Dios gracias, ese es el amor, esa es la maravilla del amor”.

Catalina y Juan Esteban procuran viajar en familia en sus vacaciones, su momento favorito, y comparten tiempo de calidad con sus hijos

Sus papás también cuentan que, a pesar de haber sido hija única por siete años, ha tomado la llegada de su hermanito con gran alegría y responsabilidad. “Al haber estado siete años sola, siendo la niña de la familia de Juan, de mi familia y, además, yo no la puedo malcriar más, pensamos que le iba a dar muy duro. Pero no. Es más, ella dormía con nosotros en el cuarto, y ella solita, sin decir nada, se salió, le cedió el puesto a su hermano. Se derrite de amor por él”.

Durante toda su vida, Catalina siempre soñó con tener cinco hijos, pero durante el embarazo de Emilia, que le dio muy duro, empezó a pensar que cinco tal vez eran muchos. Sin embargo, cuando su niña nació, supo que ser mamá era su mejor papel de vida, y luego del nacimiento disfrutó cada instante con ella, así que no veía la hora de tener otro bebé. Cuando Emilia cumplió dos años, la pareja empezó a intentar tener otro hijo, pero las cosas no fueron tan fáciles como esperaban.

Fue un proceso de cinco años hasta que nació Cristóbal, pero durante ese tiempo Catalina y Juan Esteban se enfrentaron a situaciones muy difíciles, entre ellas, varias pérdidas de bebés. Justamente, antes del embarazo de Cristóbal, Catalina sufrió una pérdida cuando ya estaba en un estado más avanzado del embarazo: “En ese momento, Juan estaba en la India haciendo El desafío, y yo fui a la ecografía de control y me dijeron que ya el embarazo no seguía. Cuando eso pasó, Juan estaba durmiendo, ni siquiera lo podía llamar a contarle, entonces me tocó en un principio vivir todo eso sola, que fue muy triste”.

Por eso, cuando quedó embarazada de Cristóbal, Catalina le dijo a su esposo que no quería ir a las ecografías sola. Así que en una visita a Medellín, fueron juntos a un control, “Y oh sorpresa… no se sabe qué es más traumático, que le digan a uno que el futuro del bebé es muy complicado o que ya este bebé no está, y el pronóstico de Cristóbal era que solo tenía un 1% de posibilidades de venir bien, de resto, o tenía problemas del corazoncito o problemas genéticos muy graves”, relata Juan Esteban.

“Ella me llamaba la atención y yo le decía que saliéramos, pero no me paraba muchas bolas, entonces me tocó pedalear mucho”

La pareja llamó a sus dos médicos en Bogotá y los pronósticos de ambos eran pesimistas. Luego, fue necesario comenzar a hacer exámenes genéticos especializados, y en la siguiente ecografía el panorama era todavía peor. Pero, inexplicablemente, los resultados de los exámenes que le habían hecho a Catalina y al bebé empezaron a dar buenas noticias. “De hecho, muy rápidamente nos enteramos de que era un niño, por lo que tuvieron que practicar exámenes genéticos especializados. Cada semana a Cata le hacían una seguidilla de ecografías, de exámenes y, por fortuna, todos los días eran buenas noticias”, dice Juan Esteban.

Al quinto mes de gestación, el bebé estaba perfecto. Gracias a esto, la pareja dice que su hijo es un verdadero milagro: “Por eso se llama Cristóbal”, dice Juan Esteban. “Yo busqué un nombre especial porque sabía que él iba a ser un niño especial, y Cristóbal significa el que carga a Cristo, y resulta semejante personaje este muchachito, es como el alma de esta casa, nos hace reír mucho, es muy loco y muy ocurrente”.

Con su llegada, la familia quedó completa. Lucas, el hermano mayor, Emilia y Cristóbal alegran los días en la casa de los Sampedro Gómez, y cuentan con el amor incondicional de sus papás.

Aunque los horarios de Juan Esteban son un poco complicados, les dedica sin falta los fines de semana y Catalina tiene la fortuna de compartir con ellos todas las tardes, pues Día a Día se emite por las mañanas.

Para Catalina, ver a su familia unida y cuidarla es hoy su prioridad número uno, y por eso concluye diciendo que “mi proyecto principal en este momento es mi familia, y yo sí tengo muchas cosas en el tintero que quiero hacer, pero después me doy cuenta de que eso implica quitarles así sea una hora de mi tiempo a mis hijos, sobre todo a Cristóbal que está todavía más en la casa, entonces sé que no voy a ser feliz si no les puedo dedicar tiempo. Ellos son mi proyecto de vida, el más importante, y gracias a Dios tengo este trabajo que me permite sentirme bien desde lo profesional y lo económico, y darles tiempo. Me lo he cuestionado muchas veces, pero mi conclusión en este momento es que no me voy a poner a inventar, ellos son mi felicidad, mi proyecto más importante, mi motivación más grande”.

Emilia y Cristóbal junto a Lucas, el hijo mayor de Juan Esteban, quien ya tiene 19 años. A pesar de la diferencia de edad, los tres son grandes amigos

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