Cultura

Nicole Furman, el arte de romper estereotipos

Hace cinco años, tras un paso no tan breve por el mundo financiero, que la llevó por Nueva York, Kingston y Bogotá, y con una crisis generalizada con su labor, Nicole Furman decidió tomar un riesgo: dedicarse a lo que realmente la apasionaba: el arte. Entonces, montó un pequeño estudio dentro de su casa y dejó volar su imaginación.

A pesar de haberse formado entre números y letras, pues estudió economía y sociología en Brown University, siempre trató de mantenerse cercana al arte, un campo en el que había sobresalido desde la infancia. Por eso durante su pregrado tomó materias como fotografía, grabado, dibujo, historia del arte, performance y otras más, que enriquecían esa faceta. En sus estudios, además del espíritu crítico frente al entorno que la acompaña desde que tiene memoria, está la semilla del concepto que explora en su obra: “Toda la teoría que aprendí en sociología, antropología y filosofía llegó a ser el contenido de mi trabajo actual”, asegura.

El salto valió la pena, y las exposiciones, aunque pequeñas inicialmente, fueron llenando su calendario poco a poco: a los shows nacionales se le sumaron también los de Estados Unidos, Inglaterra y Alemania. Se mudó a un estudio más amplio y cómodo, y empezó a trabajar fuertemente para consolidar una obra extensa en pocos años.

Desde pequeña, esta artista bogotana ha estado molesta por los roles que la sociedad impone a las mujeres. Ahí yace el hilo conductor de gran parte de su obra plástica, una creación visualmente atractiva con alto contenido crítico

Casi toda su obra ha sido concebida bajo la convicción total de que el cuerpo humano no es nada más que eso, “un cuerpo y ya, sin connotaciones”, afirma Nicole, y motivada por lo infinitamente ridículo que encontraba el papel femenino en el mundo: “Siempre me han sorprendido los roles de género que impone la sociedad y, aunque hemos mejorado un poco, hay muchísimo por hacer… Me molesta cómo se ve a la mujer como un ícono sensual y sexualizado, que debe cumplir con mil expectativas que no son solo físicas”, dice. Para ella, no tiene sentido crecer escuchando “no te pongas la falda tan corta” y al mismo tiempo salir a la calle para soportar silbidos no solicitados.

Precisamente por esa incomodidad, la artista de 31 años ha decidido utilizar el cuerpo de la mujer como lienzo “para molestar, sacarlo del contexto en el que lo ponen usualmente y ubicarlo en el mío, donde no es más que un espacio para expresar ideas”. Ese concepto se ve reflejado en series como Disney Fantasy, en la que se replantea ese deber ser al mostrar cuerpos desnudos pintados que asocian elementos masculinos con personajes femeninos y viceversa: Minnie fuma habanos, Daisy sostiene un revólver y Mickey trae rosas. Su objetivo es hacer que el público se cuestione y reflexione sobre el carácter innato o natural de esas asociaciones comunes.

Niñez en riesgo

La feminidad no es el único estereotipo que Nicole busca explorar y discutir. La cara de la inocencia, su obra más reciente, indaga sobre la infancia a través de 50 esculturas en las que se representan rostros de niños coronados por mariposas frágiles. “Desde muy chiquitos nos están influenciando en la sociedad, desde la casa hasta el colegio, el gobierno y los institutos religiosos. Decidí usar la cara de una muñeca antigua como símbolo de infancia, una palabra que proviene del latín y que significa literalmente ‘el que no puede hablar’. Sin embargo, los niños sí pueden escuchar, son esponjas a las que gran parte del tiempo les ponemos ideales impuros y que no son verdad”, puntualiza la artista sobre este trabajo que presentó en Bogotáa finales de noviembre.

Según ella, los casos concretos de esas aspiraciones falsas ascienden hasta convertirse en miles y dejan a los más pequeños sometidos a yugos de los que aún no pueden defenderse por su corta edad: “Tú, que eres hombre, no llores, ni te vistas de rosado, tampoco te maquilles porque no eres niña, no juegues con muñecas sino con espadas y ayúdale a tu papá a cargar el mercado… Tú, que eres niña, ayúdale a mamá en la cocina, cásate en lugar de estudiar y mantente siempre flaca”, dice.

“Utilizo el cuerpo de la mujer como lienzo para molestar, sacarlo del contexto en el que lo ponen usualmente y ubicarlo en el mío, donde no es más que un espacio para expresar ideas”

Tributo a la inspiración

En Hommage, una serie alejada de la deconstrucción que usualmente trabaja, Nicole ha creado una oda visual a los artistas que la han motivado a lo largo de su vida. En la obra se pueden observar reinterpretaciones de los vanguardistas vistos bajo su propio cariz. “Como artista, uno va creando y busca su originalidad, pero en muchos campos, como en la literatura, es difícil escapar y no ser influenciados por otros maestros. Para mí es un modo de homenajearlos abiertamente y aceptar mi pasión por ellos”, asegura la bogotana, quien también se declara una gustosa de la música instrumental y enamorada perpetua del jazz y los libros.

Cada trabajo lleva el nombre del artista al que hace alusión y explora aspectos formales muy puntuales de su obra, sin perder nunca el distintivo de la presencia del cuerpo femenino desnudo. Mondrian, con sus famosas composiciones rectangulares en una paleta de color básica, Magritte, con su clásico sombrero negro y manzana verde, Pollock, con su salpicadura de colores, y otros como Picasso, Basquiat y Klein son algunas de las figuras sin las cuales Nicole reconoce que no sería quien es hoy.

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